Cuando llegué a casa ya era de noche, en mi mano se encontraba un papel que no tenía ningún valor legal, pero al menos para mí lo significaba todo. Mientras veía las luces encendidas de mi casa, apreté aquel documento contra mi pecho.
Sin querer cerré los ojos por un momento tratando de encontrar el valor para enfrentar a mis padres, pero antes de que arregle mi semblante, una voz que creí no llegar a escuchar jamás me sacó de mis pensamientos.
— Estás aquí.
Era la voz de Aegean.
Antes de que pudiera decir algo sentí como aquel chico fornido de ojos dorados me arrastró a un abrazo.
— Aegean…
Negué con la cabeza mientras trataba de alejarme de sus brazos.
— Lo sé todo — comentó con la voz grave — Tus padres me lo contaron todo, Frida.
Bueno…
Esto complicaba un poco las cosas, porque realmente me sentí fatal al arrastrar a este buen chico a esta agua fangosa de la que no sabía cuándo iba a poder emerger.
— Aunque lo sepas todo, eso no cambia nada — dije mientras miraba sus orbes — Tú y yo no tenemos un futuro, Aegean, así que es mejor que te alejes de mí.
Aegean negó con la cabeza mientras me estrechaba entre sus brazos, haciendo que por un momento pensé que iba a morir sofocada.
— No tienes que sacrificarte, Frida, tus padres dijeron que ellos buscarían una forma…
— ¿Acaso su forma, es escapar como si fuéramos unos criminales? No soy tonta, Aegean. He estado reflexionando durante unos días alguna solución, pero, esta que he tomado, es la mejor, la más factible. En la vida real uno debe saber cuándo someterse.
Aegean me contempló con la mirada herida como si mis palabras le dolieran.
Y lo entendía.
Porque al final estaba renunciado a él sin siquiera luchar debido a que esta era una batalla perdida dónde el ganador ya se había decidido desde el principio.
— Frida, por favor…
Antes de que terminará de hablar, coloqué un dedo sobre sus labios con la intención de que guardara silencio.
— Aegean, nuestra relación apenas estaba comenzando — empecé a hablar con la voz suave — Tú y yo nos gustamos, pero aún no nos amamos, Aegean, esta hermosa relación que empezó, debe terminar ahora, mereces a alguien mejor, alguien que no tenga tanto equipaje como yo. Así que es mejor cortar estos sentimientos de raíz porque no puedo ser egoísta, Aegean, no puedo serlo para pedirte que te quedes junto a mí.
Aproveche el momento en el que estaba distraído para alejarme de sus brazos, tratando tan jodidamente de mantener mi expresión calmada para que no se dé cuenta de cómo mi corazón se rompe en pedazos debido a su expresión llena de dolor.
— A veces, realmente deseo que seas egoísta — susurró antes de cerrar los ojos y apretar los puños — Está bien, respetaré tu decisión, Frida, sin embargo, debo corregirte porque tú no solo me gustas, yo te amo, te he amado durante mucho tiempo, más del que te puedes imaginar.
Tras decir aquellas palabras se alejó de mi lado dejándome con el corazón roto.
Aunque traté de ser fuerte y de aparentar que ninguna de sus palabras me afectaron, no podía seguir fingiendo, porque al final y al cabo no era un robot sin sentimientos y realmente me gustaba Aegean.
Cerré los ojos mientras me sentaba en el suelo, lágrimas de impotencia salían de mis ojos, mi corazón me dolía, todo el estrés que había sentido estos días, el dolor y el desamor me golpearon en una avalancha de emociones que me hicieron sentir morir.
El papel que tenía en mis manos se sentía como una burla.
De un momento sentí como alguien me abrazaba, quise escapar, pero al oler el aroma a jazmín que me había acompañado desde la niñez hasta la adultez solo opté por acercarme más a aquel aroma familiar.
— ¡Mami! — exclamé como alguna especie de animal herido.
— ¡Lo siento! — murmuró mi madre mientras me abrazaba — Todo es culpa mía.
Ella siguió repitiendo aquellas palabras como alguna especie de mantra, mientras me abrazaba como si no quisiera soltarme nunca jamás.
Ciertamente, todo lo que nos estaba pasando era como alguna especie de maldición de la que no podíamos escapar.
No sé en qué momento salió mi padre de la casa, tampoco sé cómo fue que entre debido a que lo último que recuerdo fue llorar en los brazos de mis padres durante mucho tiempo hasta quedarme dormida.
A la mañana siguiente, me desperté como si todo lo que había vivido la noche anterior solo fuera un mal sueño, el sol que entraba por mi ventana brillaba de una manera deslumbrante casi cegando mis ojos, aunque deseaba que este día tuviera mal clima parecía que mis deseos eran infructuosos.
El día de ayer era como un recuerdo lejano para lo que debía hacer en este momento.
Yo sabía muy bien lo que debía hacer, así que solo por una vez dejé que todas aquellas emociones negativas salieran a flote antes de encerrarlas en una caja fuerte para nunca más abrirla.
Después de todo, hoy era el día de mi boda. Aunque si era sincera así no era como imaginaba casarme algún día.
Al final ni siquiera sabía el nombre de la persona con la que me iba a casar, no sabía si era joven o viejo, no sabía nada más que un apellido que era bien conocido en la ciudad debido a que la mayoría de las industrias, cadenas hoteleras, restaurantes, entre otros negocios pertenecían a esa prestigiosa familia.
Después de asearme y vestirme con lo que supuse que era mi mejor ropa, además de arreglar una pequeña valija, bajé las escaleras con el semblante serio, sin embargo, no pude evitar soltar una carcajada al notar como mi padre hacía unos movimientos que supuse que eran de yoga, sin embargo, debido a su complexión se veía demasiado llamativo y algo gracioso.
— Buenos días, cielito — saludo con una sonrisa un poco triste.
Él, después de todo, siempre nos había protegido, así que ahora que las cosas resultaron así, debía sentirse triste al ver que no podía protegerme, ni siquiera podía protegerse así mismo.
— Ya despertaste — comentó mi madre, sin embargo, al ver mi maleta detuvo sus pasos por completo — Frida, no es necesario que hagas esto…
Rápidamente, detuve sus palabras antes de arrojarme a sus brazos.
— Lo sé, pero es lo mejor — dije antes de depositar un beso en su mejilla — Solo será por un par de años — comenté, aunque más que convencerla a ella, quería convencerme a mí misma.
Mi madre negó con la cabeza mientras miraba a mi padre que tenía la cabeza gacha.
— Esta es tu vida, mi cielito, no puedes arrojar tus sueños a la basura solo…
Suspiré mientras lo abrazaba a él esta vez.
— Esto es lo mejor, además no estoy botando mi vida a la basura, ya sea aquí o allá, de igual manera lucharé por mis sueños — dije — No pensemos en cosas tristes, mejor imaginen cómo todo esté mal periodo que hemos tenido llegará a su final.
Mi padre al escuchar mis palabras se alejó de mis brazos mientras resoplaba.
— ¿A qué costo? Nunca fue nuestra intención aceptar la oferta de esas personas, es verdad que eres su hija biológica, pero yo he sido tu padre durante más tiempo y te he amado con cada ápice de mi ser, que el ver como aquellas personas te tratan me parte el corazón, además de que al final y al cabo tu madre nunca quiso involu…
— No digas más — interrumpió mi madre — Es mi culpa — susurró mi madre — No hay ninguna excusa para lo que pasó en ese…
Mi padre interrumpió a mi madre con los ojos llorosos.
— No es tu culpa — murmuró haciendo que quisiera preguntarles la historia de fondo sobre mi origen porque estaba segura de que no fui concebida por amor.
Tal vez haya un gran malentendido detrás que pueda justificar la conducta fría de mi procreador, pero ciertamente no excusara sus acciones. Sin embargo, antes de que siquiera pueda preguntar algo al respecto, el sonido de un claxon me distrajo.
Ellos estaban aquí.
— Ya es hora de que me vaya — les dije a mis padres, los cuales se vieron desconsolados — Los vendré a visitar pronto, esto no es un adiós, solamente un hasta luego, no se preocupen por mí, van a ver qué después de esta tormenta saldrá el arcoíris.
Mi mamá me abrazó rápidamente bajo la insistencia del claxon.
— No te olvides de llamar, mi pequeña — sollozó haciendo que mi corazón se sienta herido.
Miré a mi papá que negaba con la cabeza mientras colocaba en su rostro una expresión fría, como si esta fuera su última lucha.
— No hagas esto, Frida — habló con voz fuerte — Hazme caso si aún me consideras tu padre, porque si sales por esa puerta voy a pensar que todos estos veinte años que hemos estado juntos no significan nada para ti, que soy insignificante en comparación con ese de apellido Maxwell.
¡Cielos!
Él prácticamente me estaba dando dos opciones, en este momento me sentí como si estuviera entre la espada y la pared, porque si elegía alguna de sus opciones tenía algo que perder.
Al final, si me quedaba, solo entraríamos en otro bucle sin fin, en dónde nuestra integridad se veía asediada, haciendo que nos convirtamos en lo que odiamos, perdiendo nuestros caminos debido a la desesperación que podíamos llegar a tener, en cambio, si elegía la otra opción, de igual manera sería una perdedora, aunque con mi sacrificio podía salvar a mi familia, pero al final también los perdería, pero preferiría eso a verlos con aquellas miradas vacías y llenas de desesperación.
Eso era mucho mejor.
Así que con el corazón en la mano y el dolor en la otra sonreía tratando de contener las lágrimas mientras me alejaba de mis amados padres, aunque sabía que mi padre estaba preocupado por mi futuro, no pude evitar sentirme herida porque sabía muy bien que aquellas palabras que él me había dicho le dolían más a él que a mí.
Había renunciado a mi novio, ahora a mis padres, no sabía a qué más debía renunciar.
Cuando salí de la casa aquella camioneta negra se encontraba estacionada, algunos vecinos curiosos sacaban su cabeza por la ventana mirando lo que estaba ocurriendo, ya podía imaginar los chismes que se crearían en torno a este acontecimiento, al final podían divulgar lo que quieran, ciertamente ninguno de ellos sabrá la verdad sobre lo que estaba ocurriendo.
— Señorita, buenos días — saludó aquel guardaespaldas de ojos verdes que más que un guardia parecía alguna especie de mafioso — La señora la está esperando para que firme los papeles junto con el joven maestro de la familia Cassano.
Asentí ante sus palabras antes de entrar en el auto, en el trayecto hasta el lugar acordado cerré los ojos mientras me repetía a mí misma que todo esto solo era momentáneo, que en algún momento iba a llegar a su final.
Pero…
Aunque me dije, no pude evitar sentirme nerviosa.
Cuando llegamos al sitio acordado, debido a los nervios, ni siquiera me fijé que estaba caminando como alguna especie de robot hasta cuando escuché la risa no disimulada de aquel guardaespaldas que parecía un mafioso. Sin embargo, no tuve tiempo suficiente para sentirme avergonzada debido a que ahora me encontraba enfrente de aquellas personas que detestaba.
Aquella mujer llamada Verónica me dio una mirada despectiva al ver mi aspecto antes de estampar una sonrisa estándar en su rostro para luego arrastrarme hasta donde se encontraba mi no tan glorioso padre, él cuál se encontraba conversando con un hombre de unos 30 años.
¿Ese era el hombre con el que me iba a casar?
Si lo era, entonces, no podía entender por qué alguien como él necesitaba realizar un matrimonio arreglado debido a que con su apariencia muchas chicas estarían dispuestas a arrojarse a él.
Después de todo, él era la definición de hermoso, sus ojos tenían una forma afilada que junto con el iris gris lo hacían ver frío, sin duda alguna era una belleza con un rostro y cuerpo exuberante.
— Ella es Frida, mi hijastra y la persona que se casará con su hermano menor — me presentó aquella mujer haciendo que me diera cuenta de que este hombre delante de mí no iba a ser mi esposo.
Aquel hombre antes sus palabras endureció la mirada como si estuviera insatisfecho con algo, como si hubieran hecho algo que no podía ser aceptado.
— ¿Dónde está Leila? ¿Por qué me presentas a esta niña?
Al escuchar sus palabras, la expresión de aquella mujer se tornó oscura antes de empezar a explicar cómo alguna especie de zorro astuto.
Nota de autora
Recuerden que todo es ficción, así que no se tomen enserio algunas situaciones, al final está historia solo es para entretenimiento, por cierto, los primeros capítulos serán algo dramáticos luego serán más ligeros y sin tanto drama.
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Comments
Martha Gomez
Tengo muy claro, lo que es una novela...las tuyas me encantan.Son tus obras, es tu imaginación, eres autónoma para escribir, no tienes porque cambiar tus ideas.
2024-06-18
6
Ana Beatriz Castañeda
ay no para algunos lectores siempre no paressee ficcion nos adentramos hasta el fondo
2024-01-29
1
Bella Maldonado Beltran
autora Aegean es el mismo de casado con dos personas? espero que frida sea feliz y aceptada por su marido .
2023-11-11
0