Dos años después
Sebastian se había convertido en la mano derecha de su suegro. Ahora él, era el encargado de las negociaciones y de administrar los nuevos proyectos para la empresa.
Su empeño se destacaba cuando conseguía siempre los mejores contratos.
Esa noche se quedó solo en su oficina y se quedó observando a su alrededor. Como tantas veces, sentía que él no pertenecía ahí y que algo, le hacía falta en su vida.
—Rachel—Sebastián, que tanto piensas. Tengo rato tocando tu puerta.
—Sebastián —Cosas del trabajo ¿Qué necesitas, Rachel?
—Rachel— Vengo a ver los detalles, de nuestra fiesta de compromiso contigo. Tengo el tiempo encima, ya es esta semana y aún nos falta decidir la decoración.
—Sebastián —Lo que tú elijas para el evento, para mí está bien.
Dijo Sebastián con una sonrisa media.
—Rachel—Pero amor, esto es importante para los dos. He esperado dos años para que por fin, podamos anunciar nuestro compromiso y casarnos.
—Sebastian—Está bien, dime en que necesitas mi opinión.
Rachel salto con emoción y beso los labios de Sebastián.
—Rachel—Hay que decidir en qué mesa acomodaremos a los invitados. Mi padre me dio una lista de sus socios y me pidió que acomodara a su nueva socia en la mejor mesa. Al parecer es muy rica y el proyecto que le ofreció a mi padre, nos dejara una gran ganancia. ¿Tú sabes de quien se trata?
—Sebastián — No. Tu padre solo me dijo que estaba interesada en varias propiedades para expandir su negocio. Supongo que la conoceremos en la fiesta de compromiso.
—Rachel — Entonces le pediré a mi asistente que se comunique con mi padre, para que le dé, el nombre y así asignarle la mejor mesa.
Emma se encontraba en su oficina entre un montón de papeles. Olivia se había retirado y ahora Emma era quien llevaba completamente, la administración de todos los hoteles Hertford.
—Christine —Ya es tarde, porque no te has ido.
Emma se recargo en la silla.
—Emma —Quiero adelantar lo más que pueda.
—Christine —Mañana habrá más trabajo. Además, eres la dueña. Puedes dejar todo tirado si quieres.
—Emma —Sabes que eso imposible.
—Christine —Antes de conocerte pensaba que los ricos solo disfrutaban de su riqueza. Y no que se mataban trabajando todo el tiempo.
—Emma —Es parte de... Quieres ser rica, debes esforzarte más que los demás.
—Christine —En ese caso prefiero seguir siendo pobre... Y tener vida, y ser feliz.
Dijo con burla.
—Emma— Tengo una vida y soy feliz, Christine.
—Christine —Eso crees tú, pero la realidad es otra. No eres la Emma de antes. No sonríes, no eres divertida y yo no te veo feliz. Cada día te conviertes en una versión amarga de la dulce Emma. Necesitas salir de esta oficina y disfrutar de la vida.
—Emma —Y a mí me encanta que seas tan directa.
Dijo con sarcasmo. Christine soltó una carcajada.
—Christine —Por eso somos amigas, porque te gusta mi sinceridad.
—Emma—Aja... Entraste a mi oficina para darme una plática motivacional o necesitas algo.
—Christine —De hecho vine porque la señora Belf, te mando esto.
Christine dejó una carpeta en el escritorio, para que Emma la tomara.
—Christine — Dijo que era su último proyecto y que era muy importante.
—Emma —Y porque me lo mando precisamente a mí. Sabe que él que se encarga de esto es Noah. Además, yo estoy abarrotada de mucho trabajo.
—Christine —Ella quiere que seas tú la que lleve este proyecto. Y pidió que Noah y yo te ayudemos con la administración, para que tú puedas dedicarte de lleno a esto. Ya sabes, tendrás que viajar para cerrar el trato con el nuevo socio y revisar personalmente cada detalle y bla-bla-bla. Fueron las órdenes de tu intimidante madre.
Emma rodó los ojos con fastidio.
—Emma—Mientras ella disfruta con mi padre de su retiro, tengo que seguir acatando sus órdenes. Has una cita con el nuevo socio y...
—Christine —Ya está hecha.
—Emma—¿De verdad?...
—Christine —Sí, ya sabes que la señora Belf, es muy precavida para todo. Esta semana tienes que viajar a N. Y. Para asistir a la fiesta de compromiso, de la hija del nuevo socio. Noah tiene el resto de la información.
Emma sintió que su apagado corazón comenzaba a latir con fuerza. Tenía miedo de volver a toparse con Sebastián y su esposa Rachel en N. Y. Pues en su mente creía que él ya estaba casado con Rachel.
Noah entró a la oficina de Emma, con una enorme sonrisa. Camino hasta Emma y dejó un beso en sus labios.
—Noah—Imagine que aún no te ibas y vengo por ti, para acompañarte a tu departamento.
—Emma—Gracias, Noah. Christine ¿Quieres que te llevemos a tu casa?
—Christine —No, gracias. Hoy tengo una cita con unos amigos que saben divertirse.
Emma capto la indirecta.
—Emma —Bien. No te desveles mucho, por que mañana iras conmigo hacer un inventario de cada cosa en este hotel.
Christine puso mala cara. Y Emma río por lo bajo.
Entrando al departamento de Emma, Noah la abrazo por la espalda.
—Emma—Esta semana iremos a N. Y. asistiremos a una fiesta de compromiso, donde conoceré al nuevo socio.
—Noah —Lo sé.
—Emma—Me siento terriblemente agotada.
—Noah — ¿Y si aprovechamos él viaje para quedarnos unos días en N. Y.?
—Emma—Preferiría que no. En cuanto más rápido empiece con el proyecto mejor.
—Noah—Entiendo.
Noah volteó a Emma para que quedara frente a él.
—Noah— Te amo, Emma.
Emma sonrío y le dio un pequeño beso en los labios. Noah se consolaba pensando que era cuestión de más tiempo, para que ella correspondiera su amor.
—Noah—Mañana paso temprano por ti, amor.
Se despidió de ella con un largo beso y salió.
Emma se sentía culpable, por no poder corresponder el amor de Noah, después dos años de relación. Pero su corazón aún dolía.
Sebastián dejó a Rachel en su departamento y se dirigió a la casa de sus padres, para dejarles la invitación de su fiesta de compromiso.
—Martina —¿Sebastián?.. Pasa hijo.
Dijo la mujer cuando abrió la puerta.
—Martina—La cena está Lista. Ve por tu padre para que nos acompañes a cenar.
—Sebastian—Sí.
Martina regresó a la cocina y el fue a buscar a su padre. Gerald estaba en su habitación, tenía en sus manos unas partituras, el imaginaba que tocaba el piano y recrea el sonido de la melodía en su mente.
Sebastián se sentó a su lado.
—Gerald—Eras un gran compositor, como yo.
Sebastián sonrío.
—Sebastian— Aún no he compuesto nada y si algún día lo llego hacer, no creo ser tan bueno como tú.
—Gerald — Bromeas, eres mejor que yo. La melodía es perfecta.
A Sebastián le causó curiosidad lo que su padre decía.
—Martina —La cena está servida.
Gerald dejo las partituras aún lado y se levantó para seguir a su esposa al comedor.
Sebastián tomó las hojas y las comenzó a hojear. ¿La melodía para Emma?
Susurro para el mismo.
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Comments
Ceecee
y cuántas veces en 3 años se va a comprometer 🤨
2023-03-27
21
Lelis Vellejo
Mientras Emma no deja que el pobre Nohah ni siquiera l huela. El Sebastián tiene 3 años de estarse revolcando con la Rachel 😤😤😤
2024-02-17
1
Lita Wellington
Por favor recuerda Sebastián
2023-12-18
2