Ezekiel, se encontraba regando las rosas del jardín personal del príncipe y a su lado estaba su compañera cortando unas cuantas rosas que depositaba en un canasto, el esclavo le da un poco de curiosidad.
- ¿Y esas rosas, para quién son? - le preguntas sin quitar la vista de su labor
- para el príncipe - le responde con una sonrisa que le es preocupante - su aroma le ayuda a dormir
- veo que te preocupas por su alteza
- me gustaría que descanse
- tranquila, debe estar estresado porque falta poco para su examen de graduación tanto que no lo deja dormir bien - le dice para animarla un poco - una vez termine su examen, volverá descansar
- no creo que esa sea la causa - le contesta en un tono bajo con tristeza en su voz - desde que he estado con él, siempre ha sufrido de insomnio
- eso es mucho tiempo, lo ha revisado un médico
- si, le citaron unos sedantes al principio le funcionó pero con el paso de los años dejaron de ser útiles, sin embargo, el príncipe los toma
- crees que haya desarrollado alguna adicción por los sedantes
- espero que no sea el caso - contesta para luego seguir cortando la espinas de las rosas.
En la mente de Ezekiel, pasa una que otra pregunta sobre su compañera, ¿por qué se preocupa por ese hombre, que fue capaz de hacerle un cello de obediencia absoluta? Y por unos segundos paso la posibilidad de creer que el príncipe no había hecho un acto tan atroz, de inmediato deja sus pensamientos atrás cuando Fátima, se levanta rápidamente con el canasto en sus manos, se despide de su compañero antes de dar la vuelta por los arbustos.
Quería seguirla pero aún le faltaba una zona del jardín por regar, así que se dedicó a terminar su labor.
- Escribe poemas y sufre de insomnio - se dijo así mismo entre dientes los datos que había recolectado del príncipe.
○ ○ ○
Fátima, observa a príncipe solo en la mesa con un pedazo de pastel que comía con un tenedor, decide acercarse para darle un poco de su compañía, pues sentía que comer solo te da un sentimiento o desagradable.
- Buenas tardes, su alteza - le dice con una reverencia
- hola Fátima, ¿qué haces? - le pregunta el príncipe con una sonrisa, nota el canasto de rosas que contiene a su lado - ¿esas rosas para quien son?
- Son para usted su alteza - le muestra un poco animada
- ah... pero ¿de que forma es que me las entregas? - le pregunto a la esclava, para evitar cualquier malentendido, por la cara de vergüenza que mostraba el príncipe, Fátima me percató lo que estaba pensando
- son para que las ponga en cerca de su cama antes de dormir, su aroma lo ayudará descansar - le explica con detalles
- ah... gracias - dijo apenado, mientras recibía el canasto de rosas - podrías hacer otra cosa por mí
- claro su alteza, dígame que desea
- no es un deseo, solo te pido que organices otra habitación para Zuhair - Fátima, quería preguntar el motivo pero no se atrevía, y tampoco podía no estaba en las órdenes de su alteza hacerlo, Anzel nota en la mirada de su esclava curiosidad, así que le informa - La princesa Celeste, volverá al palacio al igual que Adalia, por eso se debe buscar una habitación para el joven Zuhair - aún se veía en los ojos de la esclava dudas - anda pregunta lo que quieras.
Al escuchar esas palabras que se referían a una orden, por fin los labios de la esclava podía abrirse para preguntar.
- ¿Adalia, volverá a servir a su alteza igual que Ezekiel, a la princesa?
- no había pensado en eso, lo más seguro es que si - dice un poco dudoso de sus palabras, decide cambiar de tema - la princesa no tardará en venir, por eso deber irte a encargarte de la habitación lo más pronto posible
- como ordené su alteza - se retira del lugar sin antes darle su reverencia al príncipe.
En realidad no había pensado que una vez regresará Celeste, debía entregarle su esclavo pues legalmente es su dueña, ahora debía buscar la forma de impresionar a su hermano con aquel esclavo que tanto defendió de ser útil minutos antes, aunque lo más preferible es que el emperador se olvide del asunto sabe muy bien que Rae, no es de los que deja las cosas sin resolver.
¿que se supone que haga ahora? Comenzaba a preguntarse el príncipe, recuerda muy bien que el día que se conoció con ese esclavo, él le aclaró que no tenía magia especial solo la básica que se maneja por sellos y pergaminos, la misma que el príncipe practica y sabe que no es para nada especial.
A unos metros se percata del esclavo que se encontraba con herramientas de jardín en su manos, de su bolsillo saca su libreta personal y se dispone a escribir; una vez que termina arranca la hoja, estaba preparándose para hacerle un llamado.
Ezekiel, nota la mano levantada del príncipe que lanza en el aire una bola de papel que para su sorpresa estaba siendo manejada con magia y estaba de camino a él, no tuvo dudas que era un mensaje pues cuando intentó agarrarlo con su mano la hoja se abrió sola y terminado estampada en su cara.
Anzel, presencia aquella vergonzosa escena y no puede evitar reírse pero se contiene cuando nota la mirada molesta del esclavo, que hacía al leer su mensaje.
Cuando termines tus deberes, acércate a la mesa en el jardín, requiero de tu presencia.
att: El príncipe Anzel Kana.
Una expresión que podía hacer el esclavo es de dudas, comenzó a preguntarse para que el príncipe necesitaba hablar con él, se repasó por la mente si había realizado bien los labores que Adalia, le recomendó, por su cabeza paso la posibilidad que algo le faltó o había hecho mal que hizo enojar a su alteza, guardo el trozo de papel en su bolsillo y mira a lo lejos al príncipe.
De inmediato se dispone a guardar todas las herramientas de jardín para ir donde su alteza lo necesitará.
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