Las sirvientas estaban preparando todo para la tarde de té que tendría su majestad con sus hermanos, Anzel, estaba un poco nervioso y emocionado, a pesar de que vio a su hermana ayer, verla hoy lo alegraba mucho, la última conversación entre ellos terminó en una cena solo, pero esta vez es diferente después de tantas semanas que Celeste, se ausentó para ir, finalmente los tres podrá compartir una tarde juntos como antes, de solo pensarlo podía de buen humor al príncipe.
- Su alteza, puede decirme si estás prendas son de su gusto - le preguntaba Ezekiel, quién sostenía una camisa extravagante con joyería incrustada.
El príncipe hace una expresión incómoda al ver esa camisa que para nada era su estilo, lo más intrigante es como llegó el esclavo a escoger algo así.
- ¿Dónde conseguiste eso?
- en su armario
- oh.. Yo tenía algo como eso - debió ser uno de los tantos regalos de los nobles que recibo en mi cumpleaños - y me estás recomendando vestir eso
- No puedo cuestionar su gusto, Alteza, puede vestir como deseé
- ¿cuestionar mi gusto? Tú acaso crees que visto tan extravagante - el esclavo levanta una ceja, como indicando que no solo lo creía, estaba más que seguro apenas abrió el armario y vio esas prendas en un rincón - guarda eso donde lo encontraste y no vuelvas a sacarlo
- Como ordené su alteza.
Mientras se dirigía al armario para guardarla cuidadosamente la prende que sostenía en su mano, se percata de los trajes que estaba a plena vista, se preguntó como podía ser sencillo y elegantes a la vez, por impulso saca uno de ellos de un tono de azul más claro que el que tenía puesto el príncipe en este momento, una extraña sensación de nostalgia pasa por su pecho, pues el azul siempre ha sido su favorito y ver a alguien vestir de ese color y para su sorpresa e enojo, le queda bastante bien.
El príncipe observa el traje que el esclavo sostiene en sus manos que es de su gusto, se acerca a él y con una seña le pide que se lo entregue.
- Este es perfecto para la ocasión, ve a preparar el baño y busca todas las demás prendas para el traje
- como ordené su alteza.
Anzel, se sumerge en el agua tibia que minutos antes fue preparada por el esclavo, un aroma dulce llega a su nariz, se da cuenta que es un aromatizante que normalmente se prepara para la noche de bodas.
《cada vez es más extraño este hombre》
Pensó el príncipe, para luego recostar su cabeza en la pared de la bañera y olfatear ese agradable aroma que lo relajaba al punto de quedarse dormido.
En la puerta del baño, Ezekiel, asoma con cuidado su cabeza para verificar las condiciones del príncipe al notar que está dormido no pierde tiempo en correr hacia el escritorio, rápidamente revisa algunos libros que tenía encima la mayoría era sobre genética algo que le pareció extraño, otros de política y geografía.
Revisa en los cajones del escritorio el primero no contenía nada importante solo plumas y tintas, el segundo unos mapas, y el tercero para su mala suerte que estaba con seguro en extremo del cajón, estaba escrito un cello que solo puede ser abierto con unos códigos ya sea escrito o verbal, intenta usar su magia para romperlo pero le es inútil, comienza a sentir un ardor en los dedos que se apoyaban en el cello, de inmediato se separa al sentir el dolor.
- Al parecer es más inteligente de lo que creí - se comente a sí mismo.
Para no perder más tiempo se resigna a no abrir ese tercer cajón y revisar los mapas que estaba arriba de este.
Solo mostraban la ubicación de palenques que fueron descubiertos hace un tiempo, sus ojos observan con cuidado uno en especial, el suyo que fue invadido hace 7 años, ese día aún sigue en su memoria hasta el más mínimo detalle, lo cierra para no distraerse más.
Los siguientes mapas que encontraba no tenía alguna información importante o alguna que ya no sepa, hasta que se percata de uno en especial que está bien guardado en una pasta especial para conservar el papel.
Lo saca de su puesto y cuando estaba a punto de abrirlo, un pensamiento pasa por su mente, el tiempo, puede se haya tomado tiempo de más y posiblemente el príncipe ya debería haber despierto, pero no lo ha hecho, eso es aún más preocupante con todo su frustración, vuelve a acomodar todo en su lugar para ir a verificar que su alteza esté bien, pues cabe la posibilidad que se pueda ahogar.
Se da cuenta de que el príncipe se encuentra en perfectas condiciones, deja salir un suspiro de alivio; se aproxima a él, para despertarlo y antes de hacerlo llama su atención la pálida piel del príncipe, por impulso con su dedo índice toca su mejilla y para nada le sorprende que su piel sea suave, después de todo era un miembro de la realeza, tal vez fue la suavidad que hizo que con su mano tocara el rostro que permanecía dormido, su pulgar paseo por el puente de la nariz hasta llega a los labios que a diferencia de su piel estaban secos, esto lo alegró después de todo no era tan perfecto pero eso no evitaba que quitara sus ojos en él.
Ezekiel, se molesta por la forma en que ese rostro le llama la atención, alejo su mano de él, y sacudió su cabeza negando unos pensamientos que pasaban por su mente, en eso los ojos del príncipe se abre y no puede evitar su sorpresa y susto al ver la cara del esclavo, que está acerca de él. Tuvo un déjà vu, de la primera vez que se conocieron en ese lago, sintió que revivirá ese momento aunque con diferente ambiente y ahora espacio.
- Su alteza, discúlpeme el atrevimiento, al ver que no salía me preocupé que algo le haya ocurrido. - Se excusó el esclavo
- está bien, no te preocupes - respondió el príncipe - tráeme una toalla, por favor
- si su alteza - no tardo en levantarse, para buscar una toalla y ofrecérsela al príncipe.
Este se levanta de la bañera dejando en descubierto su cuerpo, Ezekiel, desvía su mirada a otro lado para no distraerse, mientras el príncipe agarra la toalla para cubrirse, no tardo en salir del baño, dejando al esclavo atrás.
Había llegado el momento más anhelado de la tarde, pues a unos metros se encontraba sus hermanos en la mesa de té, teniendo una buena charla.
Los rayos del sol estaba más fuertes, por lo que Fátima, le sostenía una sombrilla al príncipe para cubrirlo del molesto sol, Mientras lo acompañaba hasta la mesa.
Pero apenas llegó, noto un ambiente extraño entre sus hermanos mayores, su majestad estaba con los brazos cruzados clara señal de molestia y su hermana evitaba el contacto visual.
En ese momento Anzel, se preguntó que tan mal puede estar la situación ahora.
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