La mirada seria de Anzel, estaba puesta en su hermana, está muy enojado de solo pensar que estuvo viviendo sola con un hombre de origen desconocido y sobre todo no haberle dicho nada, celeste, se mantiene callada ante la situación pues no tenía forma de defenderse. Unos segundos en silencio entre ambos mellizos se termina cuando uno de ellos suspira por la tensión en el ambiente.
- No le pienso decirle esto al emperador, pero no creas que dejare este asunto pasar – le comenta Anzel
- ¿Qué vas a hacer? – le pregunta la princesa
- Por ahora mandar personal del palacio para que te atiendan y buscarte una compañera femenina para que este a tu lado para lo que necesitas
- no, del palacio no – dice con desesperación en su mirada, su hermano sabía lo que significaba esa expresión que ella estaba asustada – yo...no quiero
- lo siento celeste, no tienes opción. Te he dejado pasar muchas pero vivir sola con un hombre es demasiado
- pero no es lo que crees, yo no tengo ese tipo de relación con Ezekiel
- eso dices pero lo llamas por su nombre – la princesa, se percata de su indiscreción y de la sorpresa se cubre los labios con ambas manos – aunque no tuvieran ese tipo de relación, no es correcto que vivas sola con el
- no quiero
- Celeste, ya te dije que esto no lo puedes elegir, ya he tomado una decisión
- No quiero, no quiero, no quiero a esas personas en mi casa
- ya no eres una niña, debes adaptarte
- adaptarme - el tono de voz de la princesa era de enojo – a que comenten a mis espaldas de haber tenido este tipo de magia
- eso ya está en el pasado
- ¡no! – le interrumpe con la negativa – la medicina no es para mujeres, sin embargo la princesa la está estudiando que mujer tan descarada, como puede hacer algo así – comienza a repetir los comentarios que siempre se decía en el palacio y que llegaba a sus oídos – no quiero, esas personas aquí para escucharlas hablar de mi de esa forma, me fui por esa razón
- Yo me asegurare de
- No lo entiendes – vuelve a hablar su hermana – esto no está en tus manos, no puedes controlar a la servidumbre.
El príncipe sabía bien que su hermana tenía razón en algo, nadie tiene el control sobre los rumores y chismes que son pasado de boca en boca y poco a poco se distorsiona haciendo difícil diferenciar la mentira de la verdad, solo los involucrados saben lo que realmente ocurrió, lo que menos quería es hacer que su hermana este en un mal ambiente pero tampoco quería dejarla sola con ese esclavo.
- Está bien, no vendrá ningún personal del palacio, sin embargo tampoco voy a permitir que vivas sola en esta casa con ese esclavo, ni siquiera es eunuco
- Entonces ¿Qué vas hacer - Le pregunta por su contradicción
- Adalia, se encargara de todo lo que necesites es mi esclava de más confianza, sé que con ella no estarás para nada incomoda
- y Ezekiel, digo el esclavo
- sigo pensando a donde debería enviarlo, tal vez con la marquesa moin – se cuestiona con su mano en la barbilla, por lo que la princesa le menciona su idea
- pienso que es mejor, que te quedes con el
- quedármelo yo - comenta un poco desconcertado
- si, él es alguien importante para mí, no podría estar tranquila si lo envías a otra parte con otras personas, confió en ti por eso propongo que lo tengas tu
- es alguien importante para ti - dice con una ceja levantada y con su tono de voz serio - sabes que se puede malinterpretar tus palabras
- no tenemos ese tipo de relación - vuelve a repetir pero no le convence a su hermano
- entonces responde ¿Qué tipo de relación tienen ustedes dos? Por tu forma de hablar de él, es obvio que no es una de dueño y esclavo
- se podría decir que somos amigos, sabes es triste que mi primer amigo sea arrebatado por mi hermano mayor - responde con un poco de humor, se pone la mano en el pecho y hace como si le doliera una buena representación de un drama
- yo no he dicho nada de quedármelo, no digas que te lo rebate de tus manos cuando tú me lo estás entregando - contraataca Ánzel
- eso es mejor a que lo envíes a un lugar cualquiera
- a pesar de que es un hombre extraño, me quedare con él, solo para que tu estés más tranquila - celeste, le agradece a su hermano con una abrazo.
Solo de pensar que al irse su hermana estaría pasando la noche sola con ese esclavo, decide quedarse a dormir en la mansión de la princesa, a la hora de la cena el esclavo los atendió como corresponde y una vez servido sus platos se retira de la mesa dejándolos solos, pues sabia lo imprudente que sería sentarse a comer en la misma mesas donde están los mellizos, hace una reverencia y se marcha a la cocina a disfrutar de un pan de maíz que el mismo se preparo, estaba un poco preocupado por su anterior conversación con el príncipe, no es conveniente que cambie de dueño en este momento debe estar cerca de la realeza para encontrar alguna información útil para esta guerra fría.
|- tal vez deba ser un eunuco - se comenta para el mismo, para luego negarlo con la cabeza y tomar un bocado - de ninguna manera, ni por que este tan desesperado
- ¿quien esta desesperados? - pregunta una voz, que asusta al esclavo al darse la vuelta para ver al príncipe sosteniendo en sus manos los platos por lo que de inmediato se dispone a servirle
- permita me ayudarlo - se acerca para recibir los platos - disculpe debí estar mas atento en la cena y cumplir mis deberes
- esta bien, yo quise hacerlo puedes ir por lo cubiertos, me encargarle de dejar esto es su lugar .
Ezekiel, solo obedece al pedido del príncipe marchándose de la cocina para ir por los cubiertos y regresar lo mas pronto posible para lavar los trastes pero una imagen de Anzel, con las manos mojadas intentando lavar un plato, lo deja preocupado y sorprendido a la vez, pasando unos segundos es que reacciona ante la situación.
- su alteza ¿que esta haciendo? - le pregunta
- ah... pensé en ser algo de ayuda - dice con una torpe sonrisa, sacudiendo las manos que gotean
- ese es mi deber, me sentiría mal si mi quita mi trabajo
- si, bueno prosigue con tus deberes - se retira en silencio, pensando si hizo bien en aceptar quedarse con ese esclavo, mientras él pensaba en lo extraño que podía ser el príncipe.
Nuestro primer encuentro fue extraño he incómodo, lo único que podía calmarme era el color de sus ojos.
¿Cómo debería tratarlo?
Pensó en príncipe.
Comenzó a quitarse las prendas de su cuerpo para quedar solamente con la de dormir, contempla el color rojo que decora la habitación, un color que representa a toda su familia, al ser conocidos por su característico color de cabello. Estaba ansioso pero no sabía el por qué, de nada le sirve pensar en esos momentos ya mañana hablara con el esclavo sobre la decisión que se ha tomado por ahora solo se cierra los ojos esperando poder dormirse.
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