...DANTE:...
—Dante, ¿Qué demonios estás haciendo que tarda…?
Mi mejor amigo, que abrió la puerta como si esta fuese su maldita casa, se quedó congelado con lo que vio a continuación.
Qué se fastidie, ¿Quién le manda a no tocar?
—¡Joder que asco, cierra la maldita puerta con seguro!—grito y volvió a cerrar la puerta.
¿Soy yo quién debe cerrar la puerta, en mi propia habitación?
Valeria, aún seguía frente a mí de rodillas, con mi pene en su boca, no disminuyó su ritmo a pesar de lo ocurrido.
Eso me gusta.
Pero ese capullo tenía razón, se estaba haciendo demasiado tarde para esa maldita fiesta del demonio.
Enredé su cabello rubio en mi mano y presioné su cabeza, más hacia mí, haciendo que esta entrara en su boca de una.
Sentí, como se convulsionaba ligeramente por las arcadas, pero no me detuve y seguí. Entré y salía, hasta qué pasados unos largos minutos, por fin logré liberarme en su boca.
—hazlo—la ordené y ella hizo lo que la pedí, tragando con un poco de dificultad.
La sonreí en respuesta y la saqué de su boca y luego sonrió como la zorra que es.
—nunca me decepcionas, Val—la elogié y ella se relamió los labios en respuesta.
—si he hecho un buen trabajo, ¿por qué no puedo quedarme más tiempo? Prometo no cobrarte la siguiente hora—aseguró incorporándose y sentándose en mi regazo.
—me encantaría cielo, pero si me quedo otro rato más, Nik me cortará algo más que los huevos e imagino que no quieres perder algo tan válido como lo que tengo entre las piernas, ¿verdad?—la dije con una sonrisa coqueta.
—por nada del mundo, eres mi cuchara de oro—respondió devolviéndome la sonrisa.
Se apresuró a besar mis labios, algo que me pilló bastante por sorpresa, pues sabe que no me gusta que me besen y menos cuando me la acaba de chupar y seguramente a muchos más antes de mí.
No quiero tener los restos de nadie en mi boca.
La aparto bruscamente y me levanto y ella se ríe por mi reacción y añade.
—me lavé la boca antes de venir a verte.
Me la creería, de no ser porque la conocía muy bien y esa sonrisa burlona y tono sarcástico que estaba usando que me indicaban lo contrario, otra cosa que no me gustaba, pero no dije nada.
Sé que la pone cachonda cuando me enfado con ella.
Me acomodo el pantalón, me subo la cremallera de esta. Del bolsillo de mi camisa, saco la cartera y de ella unos cien euros y se los meto en el escote del su ajustadísimo vestido negro.
Ella vuelve a sonreír.
—siempre es un placer hacer negocios contigo.
Después me tira un beso y me guiña un ojo.
—el placer siempre es mío, nos vemos Valeria.
Me despedí de ella, cerrando la puerta y dejándola en mi habitación.
Caminé por el pasillo de mi casa, bajé las escaleras y fui a la sala de estar, donde estaba Nikolai haciendo polvo los mandos de mi consola.
Cuando se percató de mí, levantó la mirada y me miró de arriba abajo, con las cejas levantadas, luego se sonrió.
—¿Eres un ninfómano o algo así?—preguntó a modo de reproche.
—Que yo sepa no, pero quién sabe, a lo mejor voy a que me hagan una revisión—dije con mofa.
Me dejé caer en el sofá junto a él suspirando abatido.
—no, que como te toque una mujer, seguro que terminas tirándotela.
—¿por qué no? Si ella está por la labor…
—¿Te estás oyendo?—me interrumpió mi amigo con voz incrédula.
—¿Qué? No es como que las obligó a hacerlo conmigo—solté irritado.
Me molestaba, que me juzgará y me hacía ver como un depredador acechando a las mujeres, cuando simplemente nos usamos mutuamente.
Él no es el más indicado en darme consejos
Nik suspiró y movió la cabeza, riéndose.
—será mejor que des una ducha antes de ir, apestas a sexo y ya sabes lo sensible que es Cristian con los olores fuertes—me recordó.
—y sabiendo eso, habéis decidido llevarle a Euforia, ¿Qué tipo de olores crees que habrá allí?—le pregunté sin poder ocultar mi risa.
—Euforia no es como Diamond—se burló Nik y yo le lancé el otro mando de la consola.
—¿Qué quieres decir con eso capullo?
—joder tío, ten cuidado, ¿Acaso quieres matarme?—se quejó, pero de su cara no se borraba esa sonrisa de idiota.
—mala hierba nunca muere.
—no te pongas tan sensible, solo es una despedida de soltero, estoy seguro de que lo disfrutará—dijo mi amigo confiado.
—y quizás con un poco de suerte, abra los ojos y no se case con esa zorra de Lina—añadí.
—eso es poco problema—me siguió Nik y ambos nos echamos a reír, por tal verdad.
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