^^^Nina Klein.^^^
—Vendo el inventario de recuerdos de la historia más bonita que en la vida escuché, vendo el guion de la película mas triste y la más bella que en la vida pude ver.—Caminé a paso lento hacia la casa que se utiliza como hospital, mientras cantaba mi canción favorita para evitar el dolor y los gritos de mis padres.—Vendo los acordes, la brillante melodía y la letra que en la vida compondré, vendo hasta el cartel donde se anuncia el estreno del momento que en la vida viviré.
Cuando mi hermano entró al baño, utilice esa oportunidad para salir de casa y venir al hospital.
No estoy enferma, al menos no físicamente, pero necesito desahogarme con alguien y ese alguien no puede ser mi hermano porque todavía no puedo dejar mis sentimientos en sus manos sin el temor de ser ridiculizada por él.
Odio a Jack, pero es la única familia que me queda y necesito acostumbrarme a esa idea.
—Entiendo que te fueras y ahora pago mi condena, pero no me pidas que quiera vivir.—Un nudo en la garganta rompió mi voz al cantar esa parte.—Sin tu luna, sin tu sol, sin tu dulce locura, me vuelvo pequeña y menuda, la noche te sueña y se burla, te intento abrazar y te escudas.
...¡¡Ayúdenme!!...
...¡¡Por favor, alguien!!...
Los gritos de mamá y papá volvieron y no importa cuanto intenté tapar mis oídos, sus gritos siguen en mi cabeza, no puedo sacarlos, no puedo olvidar sus súplicas.
...¡¡Por favor, Ayuda!!...
Mis lágrimas cayendo por mis mejillas y caí de rodillas sobre la nieve para cerrar mis ojos fuertemente mientras tapaba mis oídos con mis ambas manos.
—Detente, por favor.—Supliqué.
...¡¡Ayúdenme!!...
—Por favor, cállate.—Mi corazón estaba latiendo tan rápido por el recuerdo de ayer que pensé que se detendría en cualquier momento.
...¡¡Nina!!...
...¡¡Jack!!...
—¡No fue nuestra culpa!.—Grité Inconscientemente.
Si mi hermano no hubiera cerrado la puerta, los lobos hubieran entrado y nosotros hubiéramos muerto con ellos.
Jack nos salvó, pero no podía salvarlos a ustedes.
—Mamá, papá.—Lloré.—Lo siento, lo siento.
...No importa cuanto te disculpes, Nina...
...Tuviste la oportunidad de salvarlos, pero el miedo venció tu amor por ellos y ahora tus padres están muertos por tu culpa....
—No, no es mi culpa.—Negué.—Es culpa de ellos, se alimentan de nosotros y nos mantienen cautivos porque somos sus reservas en invierno.—Me referí a los hombres lobo.
...Odio que mi mente no este de mi lado....
Tal vez no estoy demasiado cuerda como lo creía.
...¡Woof!...
—¿Ladridos?.—Aparté mis manos de mis oídos y levanté la mirada.
...¡Woof! ¡Woof!...
—¡Canela!.—Llamé al pequeño cachorro marrón que venía corriendo hacia mí.
Verla correr sobre la nieve es sin duda alguna la cosa más tierna que he visto.
—¿Cómo estás, Canela?.—Acaricié su cabeza cuando llegó a mi lado y comenzó a lamer frenéticamente mi rostro.—Jajaja, me estás haciendo cosquillas, pequeña.
...Woof Woof...
Siguió ladrando mientras corría a mi alrededor con entusiasmo dando pequeños brincos.
—Deberías estar en casa.—Habló el doctor Asher cuando se acercó a mí.
Canela es la mascota del Doctor, pero Asher me permite jugar con ella todas las veces que desee por lo que esta pequeña cachorrita es muy querida por mí.
—Planeaba ir al hospital.—Me levanté del suelo y limpié la nieve de mis rodillas.—Mis padres murieron ayer y quería hablar con usted.
Asher tiene 24 años y aunque es muy joven, hace un excelente trabajo como nuestro único doctor. El anterior doctor sufrió de un infarto el año pasado por lo que ahora únicamente podemos confiar en él cuando se trata de nuestra salud.
Me impresiona que un hombre inteligente y de un aspecto increíblemente apuesto, porque vaya, fácilmente podría decir que nuestro Doctor es el hombre más atractivo de este pueblo y tiene una gran cantidad de pretendientes, pero es extraño que de todos modos haya elegido mantener su soltería rompiendo los corazones de las jóvenes.
Su cabello rubio y ojos tan claros como el hermoso cielo es hipnotizante.
—Escuché lo que ocurrió.—Respondió.—Lo lamento.
—No tiene que lamentarlo, no fue su culpa.—Intenté forzar una sonrisa.—Aunque necesito su ayuda con algo.
—Siempre será un placer serte de ayuda.—Recogió a Canela entre sus brazos cuando ella llegó a sus pies.—¿Qué puedo hacer por ti?
—Bueno..—Aparté la mirada.—Necesito..
Ahora que mamá no está, tendré que pedirle que me ayude con mis necesidades a él, porque prefiero morir antes que pedirle esta cosa vergonzosa a mi hermano.
—¿Nina?.—Me animó para que continuara.
—Jack tiene el dinero de la casa y no quiero pedirle para comprar toallas higiénicas.—Cerré mis ojos y la vergüenza hizo que mi rostro se pusiera rojo.—Podrías tú.. esto.. mi periodo vendrá en unos pocos días más y las necesito pero Jack es un idiota y tengo vergüenza de pedírselo a él.
...Te odio hermano....
Si Jack no fuera tan odioso, no tendría que pedirle esto a nuestro vecino.
—Entiendo, no te preocupes.—Me dedicó una tranquila sonrisa de boca cerrada.—Te las llevaré esta tarde, por ahora deberías volver a casa.
—No sabes como odio tener que molestarte con mis cosas personales.—Di un pequeño suspiro y oculté mi rostro con mis manos porque la vergüenza era demasiada para soportar.
—No es ninguna molestia, acostumbraba a comprarlas para mi madre y hermana.—Intentó tranquilizarme.—Pero, siento que todavía hay otra petición o ¿estoy equivocado?
—Si, bueno..—Aparté mis manos del rostro e hice contacto visual con él.—Sus gritos, no puedo sacarlos de mi cabeza.
—¿Los gritos de tus padres?.—Preguntó y yo asentí con la cabeza.—Pasaste por algo traumático, seguirás escuchándolos hasta que logres aceptar la tragedia de tus padres.—Respondió.—Intenta apoyarte con algún familiar, en este caso, sería tu hermano.—Recomendó.—No necesitas superarlo sola cuando puedes dividir tu dolor con Jack, ¿no lo crees?
—¿Dividir mi dolor con Jack?.—Hice una mueca.
Mi hermano parece haberlo superado muy rápido, dudo que alguien tan insensible como él pueda sufrir con la misma intensidad que yo.
—Ambos necesitan apoyarse en el otro, lamentablemente no tenemos un terapeuta en el pueblo así que está sería la mejor opción para ustedes.
—Tiene sentido.—Acepté.—Gracias Doctor.
—Sería bueno que siempre escuches mis recomendaciones como ahora, pero eso sería demasiado para ti ¿no?
—Soy un alma rebelde.—Le sonreí.—Me gusta escuchar la voz de mi cabeza, o al menos la mayoría de las veces, porque a veces resulto ser toda una sádica conmigo misma.—Di una respiración profunda y luego exhale.—Bien, ahora que pude hablar con usted volveré a casa.
—Ve con cuidado.
—Los lobos no tienen la valentía de atacarme.—Le mostré el rifle que estaba cargando en mi espalda.—Aprendí a disparar por el mejor maestro.
...El señor Vicente....
...Su padre....
...Mi maestro de disparos....
Estoy orgullosa de saber lo básico para defenderme en este peligroso lugar, pero aunque salí con el rifle de papá, estoy segura de que Jack me va a regañar por ser tan imprudente y salir de casa sin su autorización.
Será mejor que regrese a casa antes que le provoque un ataque de paranoia a mi hermano.
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