Capítulo 15.

...Abby Wilson....

Ya pasó un mes desde que llegué a mí casa, todo marchó muy bien, en el instituto tuve que hacer una exposición oral y subí nota en algunas materias, Me gusta tener todo diez. Mi relación con Alai, no está muy bien, después de que yo me vine a los cinco días ella volvió, se apareció en mí casa, pero siempre que venía le daba la misma excusa que no estaba, sé que no le creía a mí hermano, pero tenía que entender que quiero tiempo, no es tan difícil, en el instituto me sentaba de ella. Hoy es sábado así que tengo la casa para mí sola.

Mi hermano se va con su novio ¡Por fin! Están juntos, hacen una hermosa pareja, estoy orgullosa de él, es difícil salir del "Closet", hay que tener mucho valor y bueno, mi papá tiene una cita.

Es un poco extraño verlo con otra mujer, pero él debe darse la oportunidad de amar una vez más. Es una compañera de trabajo, la conocí, además de ser muy bonita, es muy buena persona.

—¡Abby! — Grita mí hermano desde el piso de abajo haciendo que pegue un salto.

—¿¡Qué!? — gritó y vuelvo a concentrarme en mí dibujo.

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—¿¡Vas a pedir delivery o te vas cocinar algo!? — grita de vuelta, bufo y caminó hasta la puerta.

La abro.

—¡Deja de gritar! ¡Voy a pedir delivery, no tengo ganas de cocinar!

—¿¡Qué vas a pedir!?

—¡Comida!

—¡Dejen de gritar que no venden nada!— Ahora el que grita es mí papá desde su cuarto.

—¡Vos estás gritando! —me tapo la boca reprimiendo una risa.

—¡No es cierto!

—¡Si, viejo!

—¡Ahora vas a ver, Matías!

Los amo. Las primeras semanas fueron muy difíciles para mí,lloré mucho, pero estuvieron ellos dos acompañándome. Haciendo que por un momento olvidé el dolor.

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Me pegó muy fuerte el sentimiento de amor.

Mi papá y mi hermano se fueron hace como unos veinticinco minutos.

El timbre suena haciendo que deje de pintar y frunza el ceño.

Miro mí reloj, son las nueve pm.

El delivery me dijo que a las nueve y veinte traen mí pedido ¿Por qué viene tan temprano?

Me levanto del sofá a desgana, tomó la billetera de la mesita y voy hacia la puerta.

—¿Eran doscientos no? — pregunto una vez que abro la puerta, levantó la mirada.

—Hola, Abby.

Me estremezco.

No.

No puede ser.

—Agustín — tartamudeo —¿Qué haces acá? —inquiero nerviosa mirando a los lados.

—Vine a ver a mí novia — sonríe.

—Yo...Yo no soy tu novia.

Me observa enojado.

—Ay, cierto — ríe, un escalofrío me recorre de arriba a abajo — sí me cambiaste.

¿Cómo lo sabe?

—¿Por mejor no te vas?

—Me estás echando — se lleva la mano al corazón — me lástimas, mi amor — sonríe.

—No soy tu amor.

—Oh, veo que te volviste contestadora — niega con la cabeza — muy mal abby.

—Mejor vete — susurro cerrando la puerta, antes que pueda cerrarla pone su pie impidiéndolo.

—Tú y yo vamos a hablar.

Trago saliva.

—Por favor, vete — pido sintiendo un nudo en mí garganta.

Niega y se adentra a la casa.

—Veo que cambiaron algunas cosas.

—Mí papá y mi hermano, están por venir y si te ven van a llamar a la policía.

—¿Me crees estúpido? Sé que no vendrá — se acerca a mí, retrocedo hasta chocar mí espalda con la pared — no voy a irme, voy a terminar lo que empecé — dice serio y traba la puerta.

Lo miro con temor. <>

No dudo ni un segundo en salir corriendo, subo las escaleras rápidamente tropezando algunos escalones.

—¡Ven aquí, Abby!

Dobló a la izquierda e ingresó a la habitación de mí hermano, siento mí respiración acelerada y mi corazón latiendo muy fuerte.

—¿Dónde estás? Mi amor.

Miro para todos lados <>

Sonrió emocionada, mi hermano y yo cuando éramos pequeños descubrimos un pasaje que va hacia la cocina. Ahí deje mí celular y puedo escapar por la puerta trasera. Abro su ropero, empujo todas las camperas que están colgadas y me agachó.

—Abby, mí amor.

Tanteo con mis manos, cuando entró la pequeña puerta la empujó y me meto.

Toso.

Empiezo a gatear rápidamente, no se ve absolutamente nada, gracias a dios se me el camino. Dobló a la izquierda, llegó a la otra puerta, la abro y saco mí pie, luego el otro. Me incorporo y tomo el celular que está en la mesa.

—Te encontré.

Un grito escapa de mis labios, su mano sostiene mi brazo.

—No grites, guarda tus gritos para nuestro momento.

Siento mis lágrimas deslizarse, el timbre suena, miro el reloj en la pared.

—¿Quién es?

—Delivery.

—Veo que sigues igual, nunca te gustó cocinar — sonríe.

<>

Vuelve a sonar.

—Vas y le pagas, calladita o te mató — jadeo al ver que lleva un arma.

Siento mí corazón detenerse.

—¿Quedó claro?

Asiento.

—No te escucho.

—Si.

—Bien, esa es mi mujer — besa mí mejilla.

Vuelve a sonar el timbre.

—¡Ya va! — grita haciendo que me sobresalto — te asustaste — ríe y me empuja — ve.

Asiento y caminó hasta la mesita, tomo mí billetera.

Me acerco a la puerta.

—Ninguna palabra o ya sabes.

Me aclaro la garganta.

—¿Cuánto es? — le pregunto al repartidor.

—Doscientos treinta.

—No le sonrías a mí mujer.

El chico traga salida y asiente frenéticamente. Saco dos billetes de cien y uno de cincuenta.

—Ten, quédate con el cambio — le doy los billetes casi temblando.

—Gracias — ni me mira y me tiende la bolsa — buen provecho

—Gracias — cierro la puerta y recargo mí frente en ella

<<¿Por qué a mí?>>

—Ven, comamos — me toma del brazo y me tira al sillón — ¡Que recuerdos!

—Te odio — musitó dejando que las lágrimas salgan.

—¿Eso me importa? Tu eres mía — sin importarle nada abre la bolsa que trajo el chico.

—No, no soy tuya, soy de Thomas.

Aprieta los puños y tira la bolsa en la mesa.

—Me estás hartando. Eres mia, no de ese estúpido — toma mis mejillas y las aprieta fuerte — ¡Mia! Repítelo.

Niego.

—Repítelo.

Niego apretando mis ojos.

—¡Repítelo!

—¡Púdrete! — lo empujó con todas mí fuerzas y me levanto rápidamente.

—Quieta ahí — me detengo al oír el sonido del seguro del arma quitado — Muy bien, date vuelta.

Me doy media vuelta.

—¿Por qué me haces esto? — sollozo.

—No me vengas con tus estúpidos llantos — sigue apuntándome — por tu culpa mi familia me dio la espalda.

—¿Mí culpa?

—Si, tú pusiste una orden de alejamiento. Se enteraron y me sacaron todo.

—No es mi culpa. Es la tuya por intentar hacer algo sin el consentimiento de la otra persona.

—Bla, bla, bla — hace un gesto con la mano — ¿Sabes que iba a venir y a llevarme tu virginidad? Pero te volviste tan contestadora, que me dan ganas de pegarte un tiró. Dame un beso — exige.

Trago saliva.

—Antes muerta.

Se acerca a mí rostro y me mira divertido.

—Ay, Abby — niega y besa mí cuello.

—Me das asco, no puedo creer que estaba enamorada de ti — le digo con la voz entrecortada, ríe y sigue besando mí cuello.

Me muevo.

—Quieta

Siento el arma en mí estómago.

—Te odio.

Su mano libre la coloca en mí mejilla y me hace verlo.

—Y yo te amo — niego — si, te amo — roza sus labios con los míos.

<>

Estampa sus labios con los míos.

<>

Los mueve violentamente.

<>

Le sigo el beso y con mí mano voy subiendo hasta él, le quitó el arma.

Retrocedo.

—Dame eso Abby

—Aléjate o te disparo — le digo apuntándole.

—Tú — suelta una carcajada — no juegues, dame la puta arma.

—¿Por qué no me dejas ser feliz?

—Ay — suspira acercándose a mí lentamente — ya te pusiste sentimental, me aburres

—Y tú me das asco, jamás debí fijarme en ti, eres la persona más horrible que conocí. Vas a quedarte solo — sollozo — ya, ni tus padres te quieren.

—¡Cierra la boca!

—Oh, es por eso qué viniste ¿No? Querías hacerme sentir lo que sentiste cuando tus padres te dieron la espalda — aprieta los puños — nunca me amaste como yo te amé, intentaste violarme, que bajo has caído.

—Basta de juegos.

Se lanza encima mío provocando que ambos caigamos al suelo.

—Dame el arma.

Ambos forcejeamos.

—Vete al infierno

—Es de dónde vengo.

Pum.

Pum.

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Comments

Lesly Argumelo

Lesly Argumelo

ese Agustin es degenerado

2024-12-18

0

Soraida Gomez

Soraida Gomez

HAY DIOS

2024-11-06

1

Mayra C Velez V

Mayra C Velez V

qué tonta!!! en vez de aprovechar la oportunidad y salir corriendo...

2023-05-10

4

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