Dulce Victoria Adams
Los días transcurren más lentos que de costumbre mientras espero que mi padre llegue para que me deje libre de conseguir trabajo en otro estado, o quién dice, tal vez otro país.
Me anoté en el gimnasio para descargar un poco de frustración y enojo. Y pensar que yo estaba tan tranquila sin admiradores siendo perfectamente antisocial pero ahora aparecen dos demonios por las cuales todas se babean pero como niños caprichosos que son se interesan en quien no les da ni la hora ni les permite acercarse. Son grandes tienen treinta años, ¿No piensan madurar?
El idiota que quiso hablar conmigo ha seguido insistiendo pero yo sigo ignorándolo.
Los días de consultorio siguen dónde tengo revisiones, chequeos, controles de embarazo y más pero aún no me ha tocado ningún parto aunque tengo ya varias embarazadas próximas a dar a luz así que sólo es cuestión de tiempo para que me llamen.
Hoy es viernes y planeamos los chicos y yo salir a comer y a bailar. Estoy esperando que venga mi última paciente del día para después ir a ver las mujeres que están ingresadas e irme a mi apartamento a descansar para después salir.
Llega mi última paciente, una joven de apenas veinte años junto a su novio que no tiene muchos más años que ella y cuando la veo entiendo que está sufriendo dolor. Está a solo dos semanas de salir de cuentas, procedo a revisarla cuando controlo sus contracciones que son regulares y está dilatando.
Enseguida le digo a su marido o novio que la ayude a colocarse su ropa y pido a una enfermera que prepare una habitación y mande a otra a buscarla. No hay demasiado tiempo, ya está casi dilatada por completo.
-Hoy nacerá tu bebé, en un rato te sentirás mejor y lo tendrás en tus brazos, respira tranquila, ahora te llevarán a tu habitación y nos veremos allí
-Gracias doctora- me dice su pareja porque ella no puede ni hablar
Vinieron dos enfermeras a la habitación para ayudarla a caminar hasta la internación ya que es mejor que camine en vez de no hacerlo.
-Necesito un pediatra, ¿En qué consultorio está?
-En el dieciséis doctora, ¿Quiere que lo busque?
-No, preparen a la señora que yo misma voy y ya me preparo para el parto
Fui corriendo por el pasillo hasta llegar al consultorio del pediatra y entré sin tocar. No hay nada que no pueda ver si se dedica a atender niños ¿Verdad? Pero claro un Scott es el pediatra desgraciadamente y lo encuentro con una enfermera sentada en la camilla abierta de piernas y el con su cara allí abajo.
-Y yo creyendo que era la única ginecóloga- azote la puerta y me quedé dentro del consultorio ante la cara de desconcierto de los dos- se supone que deberían estar trabajando. Tenemos un parto muévete inútil
-Perdone doctora
-Mejor será que se disculpe con su jefe porque puede estar tranquila que de ésto se enterará el lunes cuando regrese
-No tiene pruebas- dijo la muy sinvergüenza
-¿No? Soy la hija, no creo que necesite más pruebas que esa. Ya a sala de partos Scott- azoté la puerta nuevamente y fui corriendo a ver a mi paciente
No pasaron ni cinco minutos cuando el sinvergüenza llegó a la habitación
-Higienizate o dúchate, te aseguro que si algo sucede por tus "procedimientos antihigiénicos" no habrá sitio en éste mundo dónde seas contratado
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