Dulce Victoria Adams
Toda una semana transcurre dónde hay mucho trabajo pero aún no ocurre ningún parto ni emergencias por la madrugada lo cual es un sueño para cualquier persona que se dedique a lo que yo.
Brenda ha estado con mucho trabajo y Elías usando mí auto para ir a distintos hospitales por lo que decidí comprar una motocicleta para poder transportarme, además el gasto en gasolina sería menor.
Conocí algunos colegas pero no muchos y es lo normal. Hay quienes creen que por ser médicos y enfermeros en un hospital todos nos conocemos y nada está más lejos de la realidad. La verdad es que nos vemos casualmente porque cada uno está encerrado en su propio consultorio, se va un paciente y viene otro. Nos vamos cuando ya acabamos y al otro día quizás hacemos diferentes horarios.
Conocí el cardiólogo y por accidente al urólogo porque choqué con el y casi caigo al piso pero alcancé a estabilizarme. Me disculpé por ir distraída, fue mí culpa por no mirar hacia adelante y el se presentó preguntándome si era nueva porque no recordaba haberme visto antes así que le respondí que si; cordialmente que fue un placer y seguí mí camino.
A mí segunda semana de trabajo me consideraba dichosa de haber conocido poquísima gente, lo que menos deseaba era que alguien intentara forjar un vínculo de algún tipo conmigo. Mí padre quería presentarme algunos colegas relacionados a mí profesión como lo son el anestesista, el psicólogo y el pediatra pero jamás coincidíamos y mejor para mí.
La celebración del cumpleaños de mí padre llegó y él, al contrario de mí, es muy sociable y sabía que invitaría a todo el personal del hospital y de ser posible hasta a los pacientes. Yo como su hija debía ir pero al saludarlo mí teléfono comenzó a sonar y debí irme de urgencia al hospital.
Me tocó atender a una embarazada de siete meses con contracciones fuertes pero que pude detenerlas antes de que se adelantara el nacimiento. Estuve dos horas al pendiente de su estado y cuando salí fui a mí apartamento a dormir porque mañana tenía mí primer paciente a las ocho.
Llegué y me dormí sin importar que mí vecino otra vez estuviera de fiesta y envidié a mis amigos, sus pisos son tan tranquilos y el mío en cambio no lo es.
Así fue que llegó el aniversario del hospital donde mí padre encargó un menú para celebrar unos minutos primero con doctores y después con enfermeros para no descuidar los pacientes. No quería estar allí pero debía hacerlo. Con mí uniforme negro puesto llegué al sitio cuando acabé las rondas en maternidad. Mí padre vino a saludarme, un gesto que todos notaron.
-No he tenido oportunidad de presentarles a mí única hija, ella vino hace poco junto a Brenda y Elías. Todos nos aplaudieron en señal de bienvenida pero yo no presté atención en la gente. Finalmente tal y como esperaba debí ir a hacer las presentaciones junto a mí padre.
Acabamos la parte social cuando dos figuras aparecieron frente a nosotros. Ellos vinieron a felicitar a mí padre y me miraron con extrañeza como si no supieran quién soy.
Mí padre ajeno a todo, algo increíble y hasta absurdo nos presentó.
-Les presento a mí única hija, Dulce Adams
-Un placer- dijeron los dos y extendieron sus manos con una sonrisa, la misma que hace años perturba mis sueños
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Comments
mariposa 🦋
no puede ser !!!! espero no retroceda y cumpla con su dulce venganza😈
2024-07-18
1
ALe Martinez
no puede ser,de nuevo esos malnacidos
2024-03-10
2
Francisca Alcantara
Ya aparecieron esos degraciados infelices
2024-03-02
1