Dulce Victoria Adams
Una semana pasó desde que Franco comenzó a besarme con más pasión y a prolongar la unión de nuestros labios por más tiempo hasta dejarme con la respiración agitada mientras sus manos recorrían mí cuerpo.
Las caricias ya no eran sólo sobre la ropa sino que aveces metía sus manos debajo de las prendas que usaba. Había días que me tocaba más brusco y otras veces más suave. Algo que creí natural.
Llegó diciembre, donde íbamos sólo por gusto a clases porque ya los exámenes que definirían nuestras últimas notas ya habían sido tomados. Solo esperábamos que nos dieran los resultados y después la graduación.
Nos vimos Franco y yo en su casa y los besos ésta vez eran más desesperados, más ardientes. El calor era demasiado, una temperatura superior a los treinta grados y yo usaba un vestido fresco que me quedaba debajo de las rodillas.
Fuimos a su habitación con la excusa de que lo ayudara a buscar unos papeles para la universidad pero sólo fue un pretexto para ir a ese lugar. Nos besamos hasta que mis labios sentían cierto ardor porque era un poquito brusco y el me quitó el vestido que estaba usando, después su ropa y la parte inferior de mí conjunto de ropa interior. Lo vi desgarrar una envoltura plateada y después se posicionó en mí entrada.
Miré su rostro cuando se apoyó en mí intimidad haciéndome sentir su punta. El me sonrió y yo cerré los ojos, comenzó a entrar pero un poco más fuerte de lo que esperaba. Él me decía palabras que me hacían sentir más tranquila y en cierto modo querida pero con un tono de voz diferente por la excitación del momento.
Finalmente él terminó y fue el inicio de la pesadilla de mí vida.
Sentí pasos, alguien abrió la puerta de golpe y posteriormente aplausos. Era el hermano de Franco quien entraba riéndose. Estaba demasiado avergonzada, en la primera vez que tienes relaciones que entre tu cuñado cuando acabas de hacerlo es incómodo aunque estaba tapada con la sábana celeste.
Esperé que Franco le pidiera salir del cuarto pero jamás que le dijera algo tan horrible como que todo fue una simple apuesta entre ellos para ver quién conmigo se acostaba como si yo fuera un simple objeto inanimado incapaz de sentir emociones.
Las palabras de los dos se oían fuertes y en sus rostros la burla reflejada, habían jugado conmigo de la peor manera. Allí comprendí todo, ellos habían estado conmigo quizás alternandose, algo repugnante y todo encajó en su lugar. Los cambios de actitud, la manera de besar, la manera de tocarme y el humor diferente, hasta las cosas olvidadas tuvieron sentido.
Me sentí sucia, enferma, arruinada, con gran asco y repulsión hacia ellos pero sobre todo hacia mí misma, ¿Cómo es que podía superar esto y olvidarlo? Exactamente no podía hacerlo, jamás lo haría.
Quien me engañó para quitarme la virginidad me ordenó vestirme y salir de la habitación tan fríamente como si nada hubiera pasado. Sin siquiera preguntar si me sentía bien apesar de lo que había sucedido. El cuerpo me dolía pero el corazón aún más. De mí nada quedaba ya.
Me vestí y salí del cuarto, ver aquella mancha roja en la sábana me revolvió el estómago y me dio ganas de retroceder el tiempo para no caer en sus falsos encantos.
Conocía el camino a la salida, solo deseaba no tener que verlos otra vez pero me esperaban en la puerta para darme la estocada final, para burlarse de lo estúpida que fui por última vez quizás. Les hablé con furia y dolor para decirles que algún día se arrepentirían y vendrían de rodillas a pedirme perdón pero cuando la puerta se cerró pude escuchar sus risas.
Ya no lo oculté más, corrí mientras lloraba y limpiaba mis lágrimas porque no podía ni siquiera ver con claridad y llegué a mí casa directo a encerrarme en mí cuarto.
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Comments
ALe Martinez
poco hombres pero se van arrepentir
2024-03-10
3
Francisca Alcantara
Degraciados
2024-03-01
1
Maura Pericana
HDP
2024-02-27
0