Increíblemente, Damián no se resistió a acompañar a Ximena, aceptó la invitación, aparentemente buscando algo de atención. Después de unos minutos, Carolina recibió un mensaje; su manager quería tener una reunión con Pandora, la prestigiosa marca de joyas.
A Ximena le encantaba la pegajosa compañía de su mejor amiga. Sin embargo, discutir con Carolina era una batalla interminable, ya que su amiga era terca y tenía la idea fija de que acompañar a su hermano.
Carolina tuvo que ausentarse debido a la insistencia de su manager, dejando a Ximena sola en el hospital, un lugar que no le agradaba por los malos recuerdos que le traía.
Decidió salir directamente del enorme hospital. El sol brillaba después de varios días lluviosos, iluminando toda la ciudad.
"Después de la tormenta sale el arcoíris", murmuró Ximena para sí misma.
Sin un destino claro y con tiempo libre, optó por caminar sin rumbo, disfrutando del hermoso clima. Afortunadamente, no se cruzó con nadie que pudiera difamarla. Se rio de sí misma al pensar en que la gente rica no suele tomarse el tiempo para caminar cuando podrían estar cómodamente sentados en un Bugatti.
Increíblemente, el tiempo pasó rápido, y antes de darse cuenta, ya eran las seis y media. Sorprendentemente, no había caminado tanto, ya que el hospital aún estaba a la vista. En ese momento, se percató de que era hora de regresar a su departamento antes de que su posición se viera comprometida. Llamó su atención algo inusual.
Una mujer mayor estaba vendiendo verduras; su carrito aún rebosaba de productos frescos a pesar de la hora.
—Buenas tardes, señora—, saludó Ximena cordialmente. Las verduras tenían un aspecto fresco y un brillo especial que no pasó desapercibido para algunas personas.
—Buenas tardes, mi niña —respondió la mujer anciana con amabilidad. Ximena, notando que la tarde avanzaba y empezaba a hacer frío, decidió comprar algunas bolsas de tomates, nabos, zanahorias, brócoli, remolachas, entre otros.
—Tienes bastantes hijos, una gran familia.— dijo la anciana cuando notó la compra abundante.
-Aún no tengo hijos, pero a mi abuelo Roberto le encantan las verduras frescas. — explicó Ximena—. Además, me encantan las verduras.
Aunque algo le pareció sospechoso en la anciana, Ximena decidió no hacer caso a su intuición.
Con las compras realizadas, la anciana señaló que estaba oscureciendo y que era hora de que Ximena regresara a casa.
Ximena, después de pagarle por las verduras, se quitó su bufanda y se la puso a la señora.
-Aunque hoy salió el sol, ya está empezando a hacer frío, usted también debería irse para su casa ——aconsejó Ximena, quien había aprendido a valorar mejor a los mayores.
Continuó su camino, sin notar a lo lejos una mirada penetrante que oscilaba entre el odio y la admiración.
¿Era ella la misma Ximena Werber? La Ximena que conocía solía ser cruel, muy diferente de la mujer amable que estaba viendo ahora.
Era Camilo García, quien, después de haber mostrado sus respetos unas horas antes al presidente Triuf en el hospital, se encontraba de pie afuera. Al poco tiempo apareció su secretaria.
– Señor, no puede estar parado tanto tiempo afuera, hace frío —habló su secretaria—. La señorita Susana le ha invitado a su cumpleaños.
– Rechaza esa invitación, son reuniones inútiles.
– La señora Marina ya confirmó su asistencia.
Al escuchar aquello, él decidió acceder a la fiesta con una sonrisa. Había tenido una pequeña discusión con Marina y quería resolverlo.
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Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
miserable 🤬🤬🤬
2024-10-31
0
Ivania Flores
el es pelele de marina
2024-10-20
0
Silvia Jimenez
bueno entonces será Damián o Darío??
2024-09-15
1