21/12/2019
La sangre no era algo que me diera miedo. Un médico que le tuviera miedo a la sangre no era algo coherente en ningún lado y ese nunca fue uno de mis problemas, pero desde ese día no he podido evitar que mi cerebro me traicione cada vez que la veo. Las náuseas me invaden y el dolor de cabeza llega a ser casi insoportable. Cherry actúa como si nada hubiera pasado, como si aquel día yo no la hubiera visto salpicada de sangre y con una sonrisa siniestra en el rostro.
Daryl... de él no podía esperar mucho ¿Realmente me había atrevido a decir que no pasaba nada? Sentía una especie de arrepentimiento pero al mismo tiempo no, nadie en la vida se hubiera atrevido a hacer aquello por mí y él sí pero eso, eso era lo de menos cuando todas esas imágenes te atormentaban todos los días en tus sueños. No dejaba de soñar con aquellos rostros ensangrentados, tenía más razones para odiar Halloween.
Ahora venía una de las festividades que más amaba pero que pintaba para arruinarse, navidad estaba cerca pero para ser sinceros no me motivaba a nada cuando todos mis pasos estaban fríamente calculados y cuando tenía en mente muertes y sangre.
Ahora mismo nos encontrábamos en el vuelo que nos llevaría a Japón, la casa en las montañas del tío Sho, un lugar perfecto para que la gran familia se reuniera y diéramos de que hablar. Yo sentía que ya estaba dando de qué hablar con la simple manera de comportarme que me cargaba.
Había sido todo tan extraño que Daryl había tomado un poco de distancia de mí y eso me hacía sentir una carga menos en la espalda, no quería que se diera a notar que ahora sentía un miedo terrible en las entrañas cada vez que me encontraba cerca de él. Para nuestra mala suerte o mí mala suerte, no íbamos en un vuelo común, sino en el que iría alguien tan importante como el jefe de la mafia de Tokio. El avión privado de los Sakurai ¿Y a quien encontrabas en dicho avión? A los hijos del jefe.
Me levanté al baño, estar sentada por tanto tiempo me ponía nerviosa y tenía que moverme, así que me quité el cinturón, pasé a un lado de una dormida Cherry que traía puestos los audífonos y con todo el silencio del mundo me dirigí hacia los baños. El cielo estaba oscuro, era de noche, todos los pasajeros dormían menos yo, manejaba un insomnio horrible que no podía controlar pues cada que cerraba los ojos una mancha de sangre se esparcía por dicha oscuridad.
Vi a Lucy extendida en la penúltima fila, tenía los pies encima de Dominick y este se desparramaba de su asiento hacia el pasillo, la boca la tenía abierta y en cualquier momento comenzaría a babear. Yo traté de pasar a su lado y no despertarlo, fue cuando ví a Daryl detrás de ellos, estaba dormido, tenía los brazos cruzados, los audífonos puestos y la cabeza recargada en la ventanilla. Evité quedarme viéndolo y pasé directo a los baños en dónde sólo me refresqué la cara y estiré un poco mi cuerpo.
Al salir, Dominick ya había liberado espacio así que pensaba pasar sin problema cuando Daryl me tomó del brazo sin jalarme.
—¿Piensas evitarme por más tiempo?
La poca luz que tenía para verlo no me dejó descifrar su mirada pero sin duda, sentía que necesitaba el toque de sus manos aunque sea solo un momento.
—Tú eres el que me evita.
—Pensé que necesitabas espacio pero no creí que no me buscarías.
Su tono de voz se escuchaba un poco dolido, aquello me hizo sentir mal, no quería que él pensará que ya no quería nada pero si que me sentía incómoda después de aquella situación.
—¿No piensas sentarte?
Retrocedí un poco y me senté al lado de él, podía sentir la incomodidad y simplemente me encogí en mi asiento, no desconfiaba de él, no lo creía capaz de hacerme algo a mi pero si sentía algo extraño en mi estómago.
—¿Tanto miedo te doy?
—No, solo es incómodo. No lo tomes a mal, no desconfío de ti es solo que no se que me es más incómodo. Lo que sucedió o el hecho de cómo es que me estoy comportando. Cualquier persona ya hubiera salido corriendo o algo similar pero yo sigo aquí y eso es raro, es como cuando te enteras de un secreto extraño pero no tanto.
—También creí que saldrías corriendo y por eso te di tu espacio, pero de alguna manera me siento aliviado al saber que aquí estás y qué no te has ido.
—Dije que no me iría y no lo haré. Aquí sigo.
—Lo que te dije aquel día es verdad. Tu eres mía ¿Entendiste?
Aquel tono de voz había sido amenazador, y aunque pude haberme asustado no lo hice, al contrario, había provocado una descarga eléctrica en todo mi cuerpo haciéndome sentir bien conmigo misma, como si aquello hubiera aumentado mi ego aunque sea solo un poco.
Sentí su mirada sobre mí y al mirar a su lado era así, me estaba viendo. Quitó el descansador que estaba en medio de los asientos y me atrajo a él comenzando a besarme. Aquel tacto lo había necesitado de verdad, había pasado más de un mes desde que lo había tenido así de cerca que él simple hecho de que sus labios se movieran encima de los míos me estaba volviendo loca.
Tomé la iniciativa del momento, la falta de sueño combinado con las mil sensaciones del momento hicieron que me moviera y me sentará encima de él con cada pierna al lado de las suyas, sus manos ya estaban en mis caderas y se colaron por debajo de la playera hasta tocar la piel y apretar la zona.
Boquee como pez fuera del agua, conteniendo cualquier sonido que pudiera alertar a alguien, bajó sus besos a mi cuello e hizo succión ahí. Me mordí la lengua para evitar gemir por la sensación.
Toda mi valentía se fue al carajo cuando Lucy se medio levantó de los asientos de al frente y la pude ver con el cabello alborotado y los ojos medio cerrados.
—¿Pueden dejar de rozarse sus partes y dormirse? Carajo. La granja es muy grande, Daryl, cojan allá, aquí no, quiero dormir.
Tras eso, se acomodó nuevamente en su asiento junto a Dominick y yo escondí mi rostro entre el cabello de Daryl y el asiento.
—¿Te vas a quedar ahí toda la noche? —susurró con voz divertida—. Por mi no hay problema, no me es incómodo pero...
—Solo cállate.
—¿Qué les dije? —volvió a decir Lucy.
Yo simplemente me bajé de encima de él y me fui corriendo a mi asiento al lado de Cherry, me acurruqué al lado de la ventana y ahí por fin pude descansar. A la mañana siguiente me di cuenta de que tenía un chupetón en el cuello y ahora Cherry me colocaba base de maquillaje para evitar preguntas.
Al bajar del avión pudimos ver en el aeropuerto a las personas que menos queríamos ver. Los gemelos Choi y su elegante dama Lucil enseñándonos el dedo medio con sus uñas de bruja pintadas de rojo sangre.
—¿Es el que te metes todas las noches porque estás sola? —atacó Cherry y Coralie la codeó.
—No cariño, comparado a ti, yo si tengo quien me complazca.
—Entonces es tu aceptación de que eres una zorra traga pitos.
—Al menos no moriré sola. —contestó enojada.
—Prefiero morir sola y virgen que de gonorrea y tragando pitos.
—Cherry, es suficiente, ahí viene papá y mamá. —dijo Coralie entre dientes.
—¿Sabes que después de esto nos harán la vida imposible? —le dije a Cherry.
—Tengo entendido que los gansos tienen dientes y muerden duro, vamos a una granja, si se escapa un ganso y le muerde el trasero es un accidente.
—Arruinarias la noche del tío. —le dije.
—Si ella se cae dentro del estanque ya no es así.
—Será una larga navidad. —Suspiró Coralie.
Iba a decir lo mismo pero al mirar a mi derecha y ver a Daryl sonreírme de aquella manera descarada y guiñarme un ojo entonces supe que no estaría tan mal. Tal vez y solo tal vez no sería un asco.
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