06/10/2019
Saliendo de la universidad junto a Calvin ambos nos dirigimos a la casa de los Sakurai. Pronto se vendría la cena de navidad y sería en Japón en la granja de los Sakurai en las montañas del pueblo de Hasetsu. La razón por la que todos íbamos a la casa de ellos era para una especie de ensayo, nuestros padres irían también, querían guardar las apariencias y todo debería de salir perfecto según las palabras de mamá, se reuniría toda la familia, en conclusión… le vería la cara a los Choi. Yo no tenía ningún problema con ver a los Lin, y mis hermanas tampoco pero los Sakurai, ellos los odiaban, no los soportaban.
—Tengo el presentimiento de que nada de esto va a salir bien. Guardar tantas apariencias nos va a hacer ver robóticos y sin chiste… creo que deberíamos ser nosotros mismos.
—Tampoco es tan buena idea, creo que fingir en una buena cantidad no es tan malo, solo hazle caso al tío Sho, además, piénsalo Calvin, si todo sale bien tendremos los dorayakis de la señora Hayakawa.
La señora Hayakawa es la dulce señora que se encargaba de la cocina en la casa Sakurai y que siempre iba con nosotros a las cenas.
—Es más —continué—. Estoy emocionado por ver toda la granja, he escuchado que es enorme.
—Yo también he escuchado que es enorme…
Estaba emocionado por ello, pero otra de las cosas por las que también estaba emocionado era por lo que Daryl me diría el día de hoy, se supone que hoy terminaríamos nuestra conversación pendiente, estaba harta de esperar. Tal vez necesitaba una respuesta para dejarle de dar vueltas al asunto y poder sentirme mejor con ello.
Al llegar a la casa todo estaba ligeramente desordenado, los tíos daban vueltas por todos lados y mis padres se encontraban en la sala principal. Nosotros subimos las escaleras para no molestar pero podía deducir que las cosas no estaban saliendo bien. Cherry se encontraba en el cuarto de Diana así que fui al de Dominick junto a Calvin, ahí conversamos y adelantamos deberes.
Las cosas parecieron calmarse conforme fue pasando el tiempo, mis padres se fueron pero nosotros nos quedamos, así funcionaban las cosas.
Yo no había visto a Daryl en todo el día, debería de mentir si decía que no estaba impaciente aunque no quería una respuesta negativa, pero algo de mí me decía que tal vez eso era lo que conseguiría de él, una respuesta negativa ante todas las sonrisas chocantes y llenas de burla que me había estado dando durante los días que nos estuvimos encontrando. Debería de decir que me estaba comenzando a caer mal, pero contrario a eso, me gustaba la actitud que poseía, además de eso, me sentía esperanzada.
Siempre tuve problemas con los demás por mi manera de verme y vestir. A pesar de que logré llegar a mi peso ideal siempre me sentí subida de peso, mis gustos por la ropa bonita y llamativa había incrementado, por ello nunca dejé de tener acosadores por la manera en la que me vestía, nunca comprendí por qué los demás se metían conmigo. Pero si él no estaba jugando conmigo… si no le importaba nada de eso, se sentía bien que él me mirara, porque no me importaba nadie más que él.
Mis ilusiones se fueron cayendo cuando él nunca llegó, así que me hice a la idea de fingir que eso nunca había pasado.
Eran las 11 de la noche, todo estaba oscuro, yo dormía en una habitación de huéspedes, salí al baño junto a Calvin, él fue al de arriba y yo al de abajo, al parecer, la comida de la señora Hayakawa le había provocado ligero estreñimiento y las ciruelas que se había comido le habían hecho el efecto contrario, ahora no podía salir del baño. Yo tenía que hacer mi aseo personal pues me moría de sueño, llevaba la semana durmiendo nada así que necesitaba recuperarme.
Al caminar por el pasillo pude ver una sombra venir por este mismo y no dude en regresar y correr antes de que dicha sombra desconocida me hiciera algo pero me alcanzó y estuve a punto de gritar, la sombra colocó una mano en mi boca y yo me quedé quieta del miedo.
—Vaya miedosa.
Al escuchar la voz de Daryl me relaje y después lo empujé lejos, pude escuchar una leve risa viniendo de él.
—¡Qué mierda haces! —susurré exaltada.
—Es mi casa, caramelo. Puedo andar por ella sin preocupaciones.
—Cierto, lo siento. No te vi en todo el día.
—¿Me extrañaste? —dijo altanero.
—Ahí vas otra vez con tu actitud de Dios encarnado.
Salió una ligera carcajada de su pecho, no podía ver bien el rostro pero sí podía sentir su aroma a tabaco. Me sorprendía la manera en la que habíamos pasado de que su padre fuera sobreprotector a qué ahora los dejara fumar cuando se supone era alérgico a esas cosas.
—Sígueme.
Pasó al lado mío y en silencio me dirigió escaleras arriba hacia el ático. Contrario a la mía, la de ellos si tenía un ático, recuerdo que nos gustaba venir aquí a todos de niños y jugábamos juntos cuando los adultos querían completo silencio.
Cuando él cerró el ático, yo me dirigí hacia la ventanilla que esté poseía por dónde se veían las pequeñas estrellas y la media luna en el cielo oscuro junto a la gran calma; cosa que se desvaneció cuando sentí el jalón en mi brazo y el golpe en mi espalda, de repente lo tenía enfrente de mi, sostenía mis brazos al lado de mi cabeza y me miraba fijamente de manera extraña.
—Así que, conversación pendiente ¿Tan empeñada estás en esto? ¿Qué te hace creer que esto está bien? —tenía el ceño fruncido y lucía molesto, no sabía que pasaba.
—¿Me vas a sermonear? Pudiste haberme dicho que no y mandarme al carajo en vez de darme lecciones de vida.
—Los lazos de sangre me importan un carajo, April. Ni siquiera me conoces para insistir tanto. ¿Qué te gusta de mi que te hace buscarme?
—Yo también me lo pregunté varias veces y es una buena pregunta pero no lo sé, ya es demasiado vergonzoso como para que me hagas buscar la respuesta.
—Sabes que hay algo que no está bien, tu lo sabes.
Sabía a qué se refería, vaya que lo pensé tantas veces pero había dejado de importarme hace tanto tiempo un tema así.
—Dejó de importarme hace mucho tiempo, no es algo en lo que esté pensando cada vez que te veo.
Hubo un momento de silencio, tal vez de tensión, una tensión extraña, sus ojos estaban fijos en los míos.
—No soy quien crees que soy, no seré quien quieres que sea.
—No lo sabes.
—Lo sé.
Mis ojos se desviaron un segundo de sus ojos azules que querían matarme, solo unos segundos de esos ojos a esos labios. Cherry me había dicho muchas veces que sabía que quería besarlo. Solo era mera curiosidad pero ahora… ahora era de verdad.
Ese sentimiento en el pecho que creía, lo tenía a centímetros de mí, su aliento chocaba con el mío, fue vergonzoso que él lo notara.
—Estás escogiendo mal.
—¿Qué es lo que más te molesta de todo esto?
—Que seas tú. No quiero que pase nada pero… no hubiera pasado nada si no fueras tú.
Soltó mis brazos que se deslizaron lentamente a mis lados pero sus manos se colocaron a los lados de mi cabeza.
—No se que es eso que me hace estar aquí, lo pensé por tanto tiempo y no puedo evitar estar aquí, no iba a venir… te iba a evitar y lo tomarías como que jugué contigo y te irías pero aquí estoy.
Su mano izquierda se dirigió a mi rostro, ahora sus ojos estaban fijos en mi labios como los míos en los suyos, la tensión estaba ahí, yo lo deseaba así… él también. Acarició con su pulgar mi labio inferior y luego el superior y lentamente se acercó a mí hasta que quedamos a escasos centímetros.
—Que está mal conmigo, joder.
Mencionó un momento y finalmente sucedió, junto sus labios con los míos, fue solo un roce, luego nuestros labios se movieron con lentitud. No solo sentí el sabor del tabaco en sus labios sino el sabor del alcohol, era leve sin ser desagradable. Ese estaba siendo mi primer beso, el primero. Era torpe, inexperto, al menos por mi parte porque yo lo estaba sintiendo perfecto. Él se separó por un momento de mí para susurrar sobre mis labios.
—Sabes a caramelo de fresa.
Fue vergonzoso, pero no máss vergonzoso como el que realmente lo estaba besando, ese estaba siendo mi primer beso, realmente me estaba correspondiendo y no se estaba burlando de mí.
Cuando él se separó de mí mordió ligeramente mi labio inferior, fue una sensación que me puso piel de gallina al instante y me dejó congelado por unos segundos.
—No se que acabo de hacer —dijo de repente— pero traerá consecuencias. No soy quien crees que soy, no soy ni la mitad de lo que aparento.
—No me importa —dije por un momento, cegada por las sensaciones ocurridas en mi cuerpo— yo aquí me quedaré.
Gracias a la luz de la luna pude ver su rostro, tenía una media sonrisa que no supe interpretar.
—Así que aquí te quedaras. —yo asentí y hubo un silencio que no supe interpretar.— No basta solo con decirlo, tienes que jurarlo. .
Aquello me tomó por sorpresa pero aún así lo hice.
—Lo…lo juro, juro que me quedaré aquí contigo.
Él sonrió de la misma manera, levantó y mi rostro y volvió a atontarme de la misma manera, uniendo nuestros labios con un beso esta vez, mucho más suave si era posible.
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