Ya estaba pronto a cumplirse el mes de la ceremonia que legitimó a Melia como concubina real. Al día siguiente de la ceremonia, le había sido informado que desde ese día tendría el deber de hacer un bordado, que según la tradición debía entregarle a él príncipe heredero, cuando se cumpliera exactamente un mes de haberse llevado a cabo, la legitimación de la ceremonia, por medio de la consumación sexual.
A Melia, como toda tradición de los reinos, esa norma, le parecía estúpida. Pero sabía que en el momento que acepto ser la concubina de Kailer, había aceptado someterse a algunas normas como esa.
Melia había cedido un litro de su sangre el día anterior a la ceremonia, tal como lo hacía cada quince días. Ella después de donar la sangre, por lo general pasaba de dos a tres días en reposo sin hacer mayor esfuerzo, como el de las artes marciales.
Llevar el estúpido e insignificante bordado que había hecho todo el mes, a Melia le pareció algo, relativamente fácil de hacer. Lo único que requería la tradición, era que ella se postrara de rodilla en el patío de la mansión de Kailer, en un lugar que él desde su despacho pudiera verla y esperar a Blen o a su sirviente personal a recoger el pañuelo bordado. Después de lo cual, ella se levantaría y regresaría a su casa a descansar plácidamente.
Después de esas crueles palabras de Kailer, el día de la ceremonia, que volvieron a herir el corazón de Melia, ella había pensado, que no había algo que Keiler pudiera hacer que la hiciera llorar casi toda la noche hasta dormirse como le pasó ese día.
Sentía que estaba preparada psicológicamente para cualquier palabra ofensiva que pudiera lanzarle él. Se prometió no volver a llorar por él. Le dijo a su corazón, que él era un ser desalmado que no la quería, que debía de ponerlo en el olvido para que él no siguiera lastimándolo.
El día de la ceremonia, por el cumplimiento del mes del concubinato, Kailer no tenía ni idea que desde la última vez que había visto a Melia, había pasado un mes. Desde ese día, se había aferrado con ahínco a su trabajo, y a su preparación para algún día sumir la corona. La idea que se había trazado era no dejar lugar, para que pensamientos, relacionados con Melia, le pudieran atormentar. Él estaba trabajando con Kall, Krey y Kramin en su despacho, cuando su sirviente principal le dice:
-Su alteza… Le anuncio, que la concubina Melia ha traído la ofrenda ceremonial, del mes de concubinato, que es
tradición, que usted debe recibir.
Kailer se levantó de su asiento y se asomó a la ventana por un minuto, después de lo cual volvió a su puesto y no profirió palabra alguna. El sirviente, al igual que todos los presentes, que se habían quedado esperando la simple respuesta que por tradición debía dar Kailer, lo miraron a la expectativa, pero este sin dar respuesta solo siguió
trabajando.
Después de unos minutos, Blen mirando al sirviente, que se había quedado de pie, esperando la respuesta de su príncipe, le preguntó a Kailer:
-Su alteza, que respuesta da a la concubina Melia?
-Ninguna… Cuando me decida a dar la respuesta se las diré… Ahora por el momento pueden retirarse –dijo Kailer
sin dejar de mirar el documento.
Kall y Krey miraron a Kramín. Pero Kramín no intervino. Ya Kailer le había mostrado la carta que Galen le
había mandado. Él sabía que su hermano estaba muy dolido, porque por primera vez miraba una mujer de manera diferente y esta, aunque fuera su concubina, no la podía tocar, ya que estaba sucia, y no quería ensuciar su honor ni asegurarse, un pase al fracaso como gobernante.
Lo que Kailer sentía por Melia en esos momentos era un genuino odio. La odiaba por no poderse la sacar de la cabeza. La odiaba porque cada vez que tenía sueños húmedos era con ella. Porque sentía, que ya ninguna mujer, por más que ellas trataran, podían complacerlo, cuando tenía con ellas el acto sexual.
Melia había llegado a entregar el bordado en las primeras horas de la mañana. Ya casi eran las horas del almuerzo y Kailer, todavía la hacía permanecer allí. Una de las dos doncellas privadas de Melia, que le habían cogido en ese tiempo mucho cariño, sostenía una sombrilla, mientras melia permanecía arrodillada.
La otra sirvienta, al ver que las horas pasaban y el príncipe no se dignaba a recibir el bordado de Melia. Se dirigió a el palacio de las concubinas de segundo nivel, para buscar a Sanna, Berna y Seli, quienes igual que ellas, le agradaba mucho Melia. La idea de la sirvienta era que estas, ya que tenían más conexiones que ella, como simple doncella. Mandaran a avisar a la tía de Melia, de lo que estaba sucediendo.
El rumor de la humillación que el príncipe heredero, le estaba haciendo pasar a la concubina salvaje, ya se había esparcido por todo el palacio de Kailer en general. Hasta la princesa heredera se había enterado de ello; al igual que todas las concubinas.
Cuando Ramelia recibió el mensaje, de lo que Kailer le estaba haciendo a Melia. Buscó la manera de hacerle saber a Kroner lo que estaba pasando, para que este hiciera algo al respecto. Pero con
todo y que Kroner expuso a oídos del rey su hermano, lo que estaba pasando; este nuevamente no volvió a hacer nada.
Después de haber almorzado, cuando los príncipes regresaban al despacho de Kailer, al pasar nuevamente por el pasillo en donde se divisaba mucho más cercana la figura de Melia arrodillada, los príncipes hicieron una pausa involuntaria, la cual fue notoria para Kailer, quien al voltear a verlos, se dio cuenta, que estaban observando la figura de Melia, arrodillada en el jardín.
Los príncipes al percatarse, de que Kailer se había volteado a verlos, de alguna forma, cuestionando el comportamiento de ellos, con su mirada, prosiguieron su camino.
Una hora después, estando hablando de asuntos militares. Krey sentía que no podía más. De alguna manera,
sentía una angustia. De alguna manera, sentía que quería rescatar a Melia de ese lugar y llevarla en sus brazos para que descansará. No comprendía porque su primo, se portaba de manera tan tirana, con la mujer, que él estaba seguro, que este tenía en su corazón. No pudiendo más suprimir la angustia que le causaba tal escena le dijo a Kailer:
-Tengo una curiosidad… que fue eso tan malo que te hizo tu pequeña salvaje, para que la castigues de esa
manera tan tirana…
Kailer lo observó y sonrió con frialdad antes de preguntarle:
-Por qué lo preguntas, Acaso, todavía te gusta ella?...
Krey lo miro algo incómodo y cuando le iba a contestar, Kall, que también se sentía incómodo con la situación, aunque apenas si conocía a Melia, se le adelantó diciendo:
-A mí no me gusta… de hecho apenas la conozco… pero no puedo negar, que me causa incomodidad, presenciar
como castigas a una dama…
-Dama esa salvaje… -respondió Kailer con una sonrisa burlona. Y dirigiéndose a Krey siguió diciendo. –Si te
gusta, está bien. En cuanto terminé el año de esta farsa, puedes quedarte con ella. Solo que no puedo darte vía libre, sin antes informarte primo. Que ella es una perra sucia… ha sido mancillada por el príncipe Galen. Como ves, ella a mí no me sirve, ni para lo único que puede servir una mujer. Que es para darme placer. Si llegara a tocarla, correría el riesgo de fracasar cuando sea el rey, y ese riesgo, mi querido primo, no estoy dispuesto a asumirlo…
-Como sabes que ha sido mancillada por el príncipe Galen, exactamente. Que evidencia tienes –preguntó Krey,
mirando a Kailer con curiosidad.
-Aquí, está la evidencia… El mismo Galen la escribió con su puño y letra. –le dijo Kailer al tiempo que
mostraba una nota, que todos pudieron ver.
-Y si él te mintió… y si fraguo esa mentira, para que tu no le pusieras un dedo a su amada… a mi me da la
impresión, por lo que pude notar, aquella ves en ciudad de Talmor. Que Galen, está dispuesto a dejar a un lado su honor, con tal de tenerla a ella… -Dijo Krey de manera tajante.
Todo se quedó en silencio por unos instantes. Kailer pensando en lo que Krey había dicho, llegó a meditar por
unos segundos, que los argumentos que exponía Krey, no estaban tan desproporcionados. Pero al recordar que ella ni siquiera había tratado de negarlo, sintió un enojo dentro de sí, que le llevó a expresar:
-Si tanto te interesa, esa salvaje, te concedo el permiso de que la liberes de la espera. Anda, ve tú en
persona a recibir el pañuelo para mí. Y al mismo tiempo, también puedes preguntarle, si lo que Galen dice de ella en esa nota, es cierto o no. Porque, en lo que a mi concierne. De ella, ya yo tengo una respuesta.
-Si su majestad me da permiso, Entonces estoy de acuerdo en tomar su palabra… -dijo Krey poniéndose de pie y
haciendo una reverencia.
Al llegar Krey a donde Melia estaba. Sintió lastima por ella. Le pareció que estaba muy pálida y se veía
como si tuviera dificultad para respirar. Cuando él se le acerca para liberarla, tomando el pañuelo, conforme a lo dicho por Kailer, ella se desploma, y él, que se da cuenta de esto, la sostiene con sus brazos. La sirvienta suelta
un grito, que se alcanza a oír, incluso, en el despacho de Kailer. Inmediatamente Kramín Kall y él, que estaban en un profundo silencio, después de la salida de Krey de la estancia. Se dirigen a la ventana, en donde logran ver
a Krey, teniendo a Melia desmayada entre sus brazos.
Muchos sirvientes se acercaron a ver a la concubina desmayada, susurrando, mientras que Kailer junto con su hermano y su primo Kall, se dirigen al jardín en el que estaba Melia.
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Comments
Irma Rocha Cruz
felicidades 🎉...y gracias por deleitarnos con ésta hermosa historia......
2023-11-19
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Irma Rocha Cruz
krey es mucho mejor de sentimientos y pensamientos que kailer....
2023-11-19
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enith yojana garcia martinez
Este protagonista me cae gordo, es un idiota fácil de engañar
2023-11-13
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