Pasaron cuatro meses desde que Melia fue alojada en el pabellón del ala este, de la mansión del príncipe heredero, en la ciudad de Balcor en Kandor.
Un grupo de sirvientes, que le fue entregado, como parte de la propiedad, eran su única compañía, además de las visitas regulares de tres concubinas de segundo nivel que había conocido en los primeros días de su estancia en la mansión, y de su tía Ramelia, quien cada quince días, que a Melia le sacaban un litro de sangre, le acompañaba todo el día, hasta que Melia se reponía.
Melia pasaba sus días marcando en un calendario, el tiempo que estaba pasando, en lo que, para ella, hasta ese momento, era una cárcel. No tenía idea, de cómo para esas jóvenes mujeres, que habitaban ese palacio, su único sentido de vida estaba fijado, en tener o poseer cosas materiales, y en ser utilizada como instrumentos de placeres para los hombres; que en este caso era Kailer.
Los pabellones de las concubinas de primer nivel, eran como elegantes mansiones que tenían todo lo que necesitaban las grandes señoras, tal cual como eran consideradas, pero esas mansiones, además de tener su exclusivo jardín, compartían un monumental jardín, que
conectaba a todas las mansiones, incluso las dos centrales, como era la mansión de la princesa heredera, o esposa real y la del mismo príncipe heredero.
Melia no solía salir mucho a ese jardín central de ese palacio. En su vida lo que menos quería es tener que lidiar con las pretensiones de la esposa de Kailer o de las otras concubinas de primer nivel, que eran demasiado engreídas y vanas. Melia en realidad les tenía lastima; ya que sabía, que contrario a ella, ellas no podían elegir.
Eran esclavas del medio ambiente en el que nacieron. Ya que incluso, Desde que estaban en el vientre, ya las
tenían comprometidas para algún propósito, como si fueran una mercancía que se pudiera comerciar. Al nacer, eran encarceladas en normas y tradiciones y en conceptualizaciones de decoro; que para Melia estaban muy erradas.
Kailer desde que había vuelto de la competencia en Talmor, había determinado no volver a permitir alguna cercanía con Melia. Aunque le dolía pensar que cuando se cumpliera el año, Melia iría a refugiarse a los brazos de Galen, no estaba en sus planes y tampoco les permitiría a su padre y a su tío, que la retuvieran mucho más tiempo del que había sido pactado.
Él tenía un espía en el pabellón que habitaba Melia, el cual a diario le daba información a Blen del comportamiento de ella. Él conocía de los fuertes rumores que se habían desencadenado en todo el país, acerca de un posible repudio de él a Melia, ya que era evidente para todos, que desde que llegaron de Talmor, Kailer había retrasado siempre los arreglos, que se habían planeado, para legalizar la consumación de la unión de él, con la que era solo de nombre una concubina.
Muchos habían llegado a especular, que ya que Melia era una salvaje, era posible, que no fuera virgen, y otros, que antes había sido mancillado su cuerpo por el príncipe Galen; lo cual, sería una razón más que viable, para que el príncipe heredero, no consumara la relación con ella.
Ramelia vivía en un constante sufrimiento por escuchar esos rumores respecto de su sobrina. Le había hablado a Kroner en repetidas ocasiones para que interviniera con esa situación, ante el rey Kanlo. Pero Kroner por más que le había pedido en repetidas ocasiones a Kanlo que le ayudara con ese asunto, que no hacía parte del trato que habían tenido con Rener Co, Kanlo no se sentía con criterio para dirigirse a Kailer.
Kanlo pensaba, que probablemente el comportamiento de Kailer, era como una especie de venganza, por no haberle consultado,
del plan que fraguo con Kroner. A Kanlo, no le eran oculto los rumores, y para despejarlos, en vez de hablar con Kailer de la situación, prefirio mandar un edicto, en el que un grupo de ancianos médicos y una médica, revisaran a Melia para que atestiguaran delante del pueblo, que la princesa de Lecitor, no había sido mancillada.
Cuando a Melia le fue entregado el edicto, palideció y sintió mareo de repente. si el edicto se cumplía, todos se iban a dar cuenta, precisamente de su falta de castidad, motivo por el cual ella estaba allí. Dos doncellas personales a su servicio le habían hablado de los rumores que se habían levantado en el reino, y de la manera tan despectiva como hablaban el resto de las concubinas, tanto de primer nivel como de segundo nivel de ella.
Melia se había convertido en una burla para muchos en ese país. Pero a ella eso no le importaba. porque a la final, todo era especulación. Pero con ese edicto, los rumores serían fundamentados y si su abuela se enteraba, tendría un
gran sufrimiento.
A ella le había parecido bien, cumplir su parte del trato sin tener que ver a Kailer. En realidad todos esos formalismos y normas y tradiciones le tenían sin cuidado. Pero la situación que se estaba presentando, se decía ella, que kailer la tenía que solucionar, después de todo, esa había sido la principal razón, por la que ella accedió a ser la concubina de él.
Fue así como en ese pensamiento, mandó a unos de sus sirvientes, para que le dijeran al príncipe Kailer, que ella requería de su presencia. El empleado se lo hizo saber a Blen, quien lo dijo al príncipe Kailer tal y como ella se lo había referido al sirviente. Kailer ignoraba en ese momento, todo lo concerniente al edicto, que su padre había mandado, ya que él había estado fuera de Balcor por aproximadamente un mes. Asi que simplemente ignoro la petición de Melia.
El edicto que mandó el rey Kanlo, se cumpliría a los quince días de haberse entregado. Faltaban solo tres días, y por más que Melia mandaba a buscar a Kailer o pedía el permiso para poder verlo, el simplemente ignoraba su petición. Él no sabía porque ella lo llamaba, pero el recuerdo de ella dejándose tocar de Galen o exponiendo su vida para salvarlo, lo perturbaba y le causaba repudio.
Desde que Melia había mandado a buscar a Kailer, por primera vez, hacían casi dos semanas. Se dormía pensando en lo malvado que era él, al despreciarla de esa manera y al someterla a tal vergüenza pública. Se regañaba por sentir ese dolor, ya que según ella, debía de tener más que claro, que todo lo que él quería de ella era su sangre.
Que la despreciaba como mujer y que lo único por lo que acepto estar con ella en aquel momento en la ciudad de Sebor, fue por salvarle la vida a Blen.
Ella estando algo desesperada, había pensado en colarse al palacio de Kailer, para enfrentarlo; pero la fuerte seguridad y el temor a ser vista, le hacían cambiar de opinión. Melia sabía, que tal y como se lo había dicho Kailer en alguna ocasión, si se presentaba delante de él sin haber sido llamada, la ley de ese reino la condenaría a ser decapitada.
Melia tenía entendido, que en ese reino, no podía contar con nadie, que fuera cercano al príncipe Kailer, en el que ella pudiera confiar. En los últimos días se paseaba de un lado a otro, tratando de buscar una solución a ese problema. Si tan solo Rafell, estuviera aquí –se lamentaba- mientras recordaba, que su tía Ramelia le había informado, que sus dos hijos habían sido mandados a un especial entrenamiento de un año, para hacerlos generales de un ejército en Kandor.
Krey y Kramín habían estado con Kailer en alguna de esas ocasiones en las que Blen le informaba, de los deseos de verlo de Melia. De alguna manera, Krey había sentido algo de molestia en su interior, cuando en repetidas ocasiones, Kailer, solo ignoraba la petición de ella.
El no sabía que era lo que le pasaba. Por qué él de repente, sentía esa consideración con ella, una pequeña salvaje. la cual le estaba haciendo sentir sensaciones extrañas en su mente y corazón. Lo que ella le hacía sentir, nunca lo había sentido por nadie.
Esa última mañana, en la que se le daría cumplimiento al edicto del Rey Kanlo. Melia decidió mandar una nota a Krey. había escuchado del sirviente, que lo había visto en repetidas ocasiones en el palacio de Kailer. No tenía la certeza, si esta jugada funcionaría, pero debía arriesgarse a intentarlo. La nota fue entregada cuando estaba Krey y Kramín en el despacho de Kailer. Krey al leer la nota miró a Kailer y se la entregó, este inmediatamente la leyó:
“Si no te presentas en estos momentos a la casa donde me tienes encarcelada. Me iré y con razones de sobra nuestro acuerdo quedará anulado…"
Kailer tomó la nota y la rompió y luego algo distraído empuñó sus manos. Mientras pensaba, que a pesar de que Melia tenía los mejores maestros para que le enseñaran, respeto y las normas de decoro en el reino, no dejaba de
ser una salvaje.
-Pasa algo Kailer- le preguntó Kramín
-No es nada – respondió, mientras echaba a un lado, los pedacitos de la nota, agarró un documento, para seguir trabajando.
-Vaya… Es interesante la manera en la que te habla tu pequeña salvaje… porque no le concedes el verte… yo de ti tomara muy enserio esa amenaza… -Expresó Krey con tono burlon.
-Kailer, estoy de acuerdo con Krey. Ya en muchas ocasiones que de casualidad hemos estado contigo, Blen te ha dicho, de su interés de verte o de que la veas. Creo, que lo menos que puedes hacer, teniendo en cuenta todo lo que ha pasado entre nosotros y ella y por el hecho de que dona cada dos semanas un litro de sangre
para Kandor, es complacerla.
Kailer miró a Kramín y a Krey. Y pensó en pedirles le acompañaran a verla. Ya que de alguna manera, le era más fácil dominarse, si había alguien cerca, por eso les dijo, con un tono de ironia:
-Hagamos una pausa. Vallamos a ver, que es lo que quiere, la pequeña salvaje…
Un rato después, cuando Kailer, Krey y Kramin llegaron a la sala principal del pabellón en donde habitaba Melia, encontraron que había un grupo de ancianos custodiados por unos guardias reales, a quienes Melia se negaba ver. Los cuales al ver a los tres príncipes, se postraron haciendo reverencia, mientras que Kailer les preguntaba de manera tajante:
-Que hacen aquí?
Su alteza, príncipe heredero, solo estamos dando cumplimiento al edicto de su majestad el rey Kanlo, en el que debemos examinar la virginidad de la princesa Melia, con el fin de despejar todos los rumores que se han venido dando al respecto –dijo el líder del grupo de ancianos.
Kailer en ese momento pudo entender, la urgencia de Melia de verlo. Ahora comprendía, porque ella de manera repetitiva día tras día, pedía que el fuese a donde ella o que la dejara verlo. Y también el porque esas palabras amenazantes de la nota.
-Váyanse y digan a su majestad mi padre, que yo mismo examinaré a la princesa y despejaré los rumores que se hayan presentado hasta ahora.
Ellos asintieron y se retiraron.
En ese momento, al haberle avisado a Melia, una doncella del servicio, de la presencia del príncipe en la mansión, y como Kailer había ordenado a los ancianos que se fueran. Melia salió a la sala principal a su encuentro. Ella estaba tan enojada con él. Apenas que podía sincronizar las palabras que le diría cuando lo viera. Quería gritarle
del sufrimiento que le había hecho padecer estos días. Sin embargo Melia no contaba con que con él estaba Krey y Kramín. Asi que no tuvo otra alternativa en el momento en el que lo vio, que callar todo lo que había pensado decirle. Ya que pondría en evidencia frente a ellos, todo lo que había acontecido entre ella y Kailer. Los tres príncipes la observaron llegar y le saludaron, y ella también los saludó con una inflexión. por un segundo todo quedó en silencio. Entonces Kailer con un tono ironico dijo:
-Así que… te vas a ir?... No fue eso, lo que escribiste en la nota…
-Yo… solo… quería que te hicieras cargo de esa situación tan incómoda, que tiene que ver con las leyes de tu pueblo y no conmigo…- Le explicó Melia de manera muy serena.
-En realidad no tenías nada de qué preocuparte. Es normal, aquí y en los cinco reinos, que una salvaje tenga, la reputación, de estar mancillada. Estoy seguro que no es la primera ves, que las personas dudaban de su honor. Además, de que puedes quejarte, con tu comportamiento el día de la competencia, diste a entender que entre tu y Galen había habido intimidad. Asi que los resultados que pudieran obtener los ancianos en el examen, de seguro solo hubiese revelado, la clase de mujer que eres…
Cuando Kailer terminó con sus palabras, sintió como una bofetada en su rostro, le volteaba la cara. Kailer se puso su mano en la mejilla. Que se había tornado roja, en su piel blanca. Se acercó a Melia con una ira que se reflejaba en sus ojos. pero no la agredió. o pronunció palabra. Sino que empuño sus manos, y después de un segundo, en el que ella le mantuvo la mirada fija, luchando para que no brotaran sus lágrimas, por la indignación que sentía, al tiempo que le dolía el corazón. Él solo se alejó.
Kramín salió detrás de Kailer. Krey solo se la quedó mirando. Con esa escena él había confirmado lo que temía. Su primo, el heredero al trono del reino que lo vio crecer, tenía en su corazón a esa pequeña salvaje. Era la única explicación, para que, contrario a dar la orden para que la decapitaran, tal como estaba escrito en las leyes del reino. O para no matarla con sus propias manos, tal como tiene derecho de hacer, todo aquel que pertenece a la familia real. Solo se fuera y no le hiciera pagar tal atrevimiento.
-Aquí no ha pasado nada… si alguna de ustedes dos –le dijo dirigiéndose a las doncellas que acompañaban a Melia- se atreve a hablar de lo que aquí ha pasado. Las violaré y haré que mis soldados violen a cada miembro de sus familias, sin importar si son ancianas o niñas. Y destriparé todos los de su familia que sean varones…-dijo Krey en tono amenazante, antes de irse con una sonrisa en su rostro.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 127 Episodes
Comments
Irma Rocha Cruz
yo le hubiera dejado sin huevos.......
2023-11-19
0
Irma Rocha Cruz
sólo le dió una cachetada....y por eso merece la muerte???......
2023-11-19
0
Irma Rocha Cruz
idiota 😠.....
2023-11-19
0