Melia caminaba sumergida aún en los recuerdos, de la noche anterior, por los monumentales pacillos de la
mansión. En ese momento, si ella hubiese podido verse en un espejo, se hubiera dado cuenta, que su cara figuraba roja, al escapársele una sonrisa, que trató de disimular. Al casi tropezar, con un desfile de hermosas señoritas acompañadas por sirvientes. Que al parecer, se dirigían al mismo lugar que ella. Melia reparaba la postura corporal, tan erguida y frenada, que de solo mirarlas Melia, ya se sentía cansada.
A las jóvenes doncellas de los reinos desde que eran niñas, se les adiestraba con un sinnúmero de normas. Ellas aprendían, hasta de cómo se debía respirar. Melia al observarlas tan tensas. sentía lastima, al ver, posturas tan estresantes y al pensar que cada paso que esas jóvenes daban,, ya ante manos, habían sido diseñados por sus padres.
Melia las siguió hasta la salida de la mansión donde las doncellas, que eran como diez, abordaron carruajes. Hecho que le causó curiosidad, ya que a simple vista, parecía que esos carruajes estaban dispuestos parar ser parte de la caravana, la cual ahora, por lo que se podía ver era más grande.
-Señorita, me fue ordenado por el príncipe entregarle esto –dijo un sirviente, que se le acercó.
Melia, sintió mucha curiosidad de la extraña cajita que le entrego el sirviente. Por un momento, su mente voló y
llego a pensar que después de lo que había pasado, Kailer quería darle un regalo. Por un segundo una emoción afloró. Al abrirla, se dio cuenta que todo lo que estaba en ella, era un tónico, para evitar el embarazo. De alguna manera, el contenido de la cajita le molestó. Pero ni ella sabía porque. Ya que tenía claro, que todo lo que en la
noche anterior había pasado entre ellos, había sido tanto de parte de él como de ella, por la vida de Blen y la suya.
Al traerle el sirviente su caballo, ella solo comenzó a acariciarlo, haciendo de alguna manera tiempo, porque una parte de ella deseaba ver a Kailer, cuando el saliera de la casa a tomar su carruaje. Después de unos minutos Kailer salió por la puerta principal, pero ni en su camino, ni aún antes de montarse en el carruaje voltio a mirar a Melia, quien con algún entusiasmo en su ser, que apenas lograba reconocer, esperaba aunque fuera una mirada de él.
Al sentirse desilusionada, se sintió aún más molesta y se tomó el tónico, antes de subir a su caballo. Después de
pensarlo un rato mientras cabalgaba, no hacía sino preguntarse porque se sentía así. De alguna manera algo miserable. Que estupidez. Por qué tenía que estar molesta. No necesitaba que ningún hombre le mirara o le hablara, y menos ese narcisista príncipe –pensó. Debo concéntrame en la misión y dejar de pensar en cosas estúpidas – se regañaba, mientras empuñaba sus manos agarrando su vestido.
Cuando ya iban un par de horas de camino, Melia sentía un dolor en su parte intima, que poco a poco se acrecentaba. Debí haber pedido un carruaje – se lamentó. Pero, ya ella se había dado cuenta, que en los carruajes que trajeron no había espacio, ya que en ellos viajaban, las señoritas de Sebor.
Cuando Kailer, terminó de hacerle el amor a Melia, él se dio cuenta que ella perdió el conocimiento. Sabía que lo
que había ocurrido era una hermosa pesadilla; porque ahora no solo la iba a tener metida en su mente, sino que también la iba a llevar en su piel. Se sentía complacido, que aunque ella no lo amara, iba a tener un buen recuerdo de su primera ves con él. Nada lo hubiera hecho más infeliz en el mundo que dañarla, con un fatal recuerdo de su primera experiencia con un hombre.
Su piel se erizaba de solo recordar su cuerpo, el cual pudo contemplar con más devoción, cuando estaba ella inconsciente. Fueron varias horas de la noche que no durmió, ya que sus ojos no podían dejar de contemplarla. Estar a su lado y poder besarla, y acariciarla, era todo lo que en ese momento se hubiese contentado, con hacer en su vida. Pero él tenía claro que lo ocurrido, no debía volver a repetirse.
La madrugada llegó, y temiendo perjudicar la reputación de Melia, la tomo en sus brazos y la llevo a su habitación,
plasmando después de depositarla en la cama, un último beso en su boca. Esa boca que lo seducía y lo hacía sentir con solo tocarla, un placer indescriptible. Mientras la miraba al levantarse de la cama y alejarse de ella,
solo tenía en su pensamiento, que no podía permitir que lo que sentía por ella lo hiciera vulnerable ante sus enemigos. El que sus sentimientos le hicieran aflorar emociones que se había concentrado en toda su vida en suprimir, le daba un pase seguro al fracaso, en sus pretensiones de conseguir ser el emperador de los cinco reinos. Como estratega militar sabía, que la reputación de ser, el príncipe de hierro, influía en el desempeño de sus conquistas. Ya que el reconocimiento como un gobernante implacable en los cinco reinos, lo hacía ser temido por multitudes. Melia tenía que desaparecer de su vida. Terminaría la misión lo más lejos que le fuera posible de ella y luego no la volvería a ver en lo que quedara de su existencia.
Todo el recorrido del trayecto hasta los límites del reino de Kandor con el reino de Bedolia, se demoró tres días.
Tanto Melia Como Kailer se habían concentrado en ignorarse y en verse lo menos que le fuese posible. A Krey le había sido encomendada por Kailer, la misión de ir adelante, despejando y vigilando el recorrido, hasta que finalmente se uniera a la caravana antes de entrar al bosque perdido.
Esa noche, después de haber cenado, Melia salió de su tienda y con una gran bolsa en la mano, comenzó a
repartir entre los soldados, que estaba apostados alrededor de la fogata, unas capsulas mientras les decía:
-Escuchen bien, ya que es inminente que mañana entraremos al bosque perdido. Es necesario que tomen estas capsulas, para que toda plaga que haya en el bosque no se les acerque…
Los soldados y aún los comandantes se miraban unos a otros y también miraban a Melia inmóviles, sin
tomarse la capsula. En ese momento uno de ellos, que era un capitán de los que venía con Krey. Se acercó a Melia y le devolvió la capsula mientras decía:
-Señorita, le agradezco su iniciativa, pero ya nuestro nuestros príncipes habían pensado en ese problema y
es por eso que hemos traído a esas doncellas vírgenes para nuestra protección…
Melia no comprendía lo que el comandante le decía. Que erá exactamente lo que él intentaba decirle –se preguntaba.
- Lo que usted me quiere exponer comandante, es que esas muchachas harán que los animales salvajes del bosque perdido no les ataquen – pregunto mientras mostraba una pequeña sonrisa pícara.
- Porque tanta incredulidad –le dijo Krey mientras se le acercaba.
- Será que mi pequeña salvaje no sabía, que las mujeres vírgenes al ser olidas por los animales salvajes de ese
boque huyen y no se acerquen a donde ellas están.
Melia no pudo evitar sornreir. En ese momento se preguntaba, cómo unos hombres tan inteligentes como eran el príncipe Kailer, su hermano y sus primos, creerían en tal tontería.
- Dígame señor Krey, de donde han sacado ese dato tan interesante…
Krey se le acercó y le dijo:
-Yo puedo comprender que mi pequeña salvaje se sorprenda, de la eficacia de la sangre de una virgen, para
alejar esos animales fieros en el boque perdido. Ya que es bien sabido que en las salvajes de Ranson es muy raro que se conserven vírgenes, asi que no me extrañaría que usted no lo fuera.
Krey sintió de repente, como una bofetada le volteaba el rostro. Casi al instante voltio a ver a Melia, con una
impetuosa mirada en su rostro. Sonrió y le dijo antes de alejarse de ella.
- Cada cosa que me hagas, me la pagaras con creces cuando pueda tener tu hermoso cuerpo entre mis brazos… Después de eso se alejó en camino a su tienda.
Melia lo vio alejarse y sintió cierto alivio. Ella había escuchado que Krey era un demonio tan desalmado, en el campo de batalla, que no hacia diferencia entre hombres y mujeres, en el momento de asesinar de manera despiadada. Después de pensar en esto, expuso a todos los presentes, que de alguna manera la miraban admirados:
-No sé de donde viene esa historia de las vírgenes y no les puedo decir si es mentira o verdad. Lo que si les puedo prometer es que esta medicina si es verdadera. Si la toman realmente no habrá animal salvaje que se les acerque.
-No se preocupe señorita. Estaremos bien. Estoy seguro que esa medicina la puede aprovechar, gente que si la
necesite. Dijo otro de los comandantes mientras también le devolvía la capsula a Melia.
Todo se quedó en silencio por un momento. Melia voltio a mirar a donde estaba Kailer, Kremín y su primo Rafell, buscando de parte de ellos alguna aprobación. Pero en ves de ello Rafel con su cabeza le decía que no y Kailer ni siquiera la volteaba a mirar..
En ese momento uno por uno, de los presentes, a quien ella había alcanzado a darle la capsula, se la regresaron. Ella un poco frustrada se fue a su tienda.
Kailer junto con Kremín y Rafell habían presenciado toda la discusión. La receta para lidiar con los animales silvestres del bosque perdido, era una creencia que había pasado de generación en generación en Kandor. Frente a tal tradición Kailer no tenía nada que hacer. Sobre todo porque por sus sentimientos, cuando se trataba de Melia, el sentía, que llevaba todas las de perder.
Era difícil para él tener que lidiar con esta necesidad que ella, aunque no la mirara, le hacía sentir. Cuando Krey se le acercó discurriendo del honor de ella. El sintió un gran susto en el corazón. Por un momento pensó que su primo, hablaba de ese tema, era porque, sabía algo con referente a Melia y a lo que había pasado en su habitación. Pero por otro lado, también era probable que el tema lo hubiere tocado, ya que él, seguramente había sido el que envenenó a Melia..
Al estar Melia en su tienda, no terminaba de entender el pensamiento de los príncipes. Al pensar en especial en
Kailer. No podía creer, que después de lo que habían pasado en esa habitación, donde confío en él para entregarle su pureza y el destino de su vida, él no confiara en ella. Aunque había determinado, ignorarlo y no acercarse a él y no permitirse, ni siquiera mirarlo, no podía evitarlo. Aunque fuera con disimulo sus ojos lo perseguían. Lo mismo que sus oídos anhelaban escuchar aunque fuese por un segundo, esa vos que era tan esquiva, ya que la mayoría de las veces, que se le veía, permanecía callado, como si fuera un ser de hierro. No en vano –pensaba
Melia - había escuchado, que él tenía esa reputación.
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Comments
Mabel Quintana
AY MELIA NO TE PREOCUPES SOLITOS SE VAN A DAR CUENTA QUE LA VIRGINIDAD NO CUIDA LOS ANIMALES CUANDO ELLOS QUIEREN SON SALVAJE ES SU INSTINTO
2023-11-04
2
Andre
ay nooo autora, osea si bien le hizo tener una buena noche no la hagas una pendeja más que babeando por el troglodita ese, osea dignidad mija, ya te sirvió como medicina, sale nada más boba si no mija boba si no 🙄🙄🙄🙄
2023-11-02
3
Tina Ixchiel Puthod
siiiii muy malo!!! saltaste la barda!
2023-07-29
0