Esa noche acamparon en el bosque, del territorio de Ranson. Los soldados y sirvientes del príncipe organizaron
varias tiendas, e hicieron una fogata para los príncipes. Una fogata para los comandantes y una gran fogata para ellos.
En todo el camino Melia había permanecido serena. No se había permitido tener más pensamientos con respecto a Kailer y a lo que había sucedido en ese inesperado encuentro, que revolvió su ser.
-Podemos pasar señorita Melia –preguntaron unas voces fuera de la tienda en donde Melia se hallaba acostada.
Al reconocer que eran voces femeninas, Melia dijo:
-Adelante...
Entonces unas sirvientas entraron con una bandeja de comida y se pararon frente a ella saludándola con una
reverencia, de esas que son tradición que en los cinco reinos, las sirvientas
hagan a las señoritas.
Melia se sentó en la cama y dijo:
-Estoy bien, no es necesario que me traigan comida, por favor llévensela a alguien que si la necesite.
Las sirvientas se miraron entre sí y no se atrevieron a moverse. Permanecieron de pie ante Melia sin decir una
palabra. Melia al ver sus comportamientos, se inquietó y les dijo con una cara de curiosidad:
Está bien chicas, porque no me dicen que es lo que pasa –les preguntó levantándose de la cama.
Inmediatamente dejaron la bandeja a un lado y se postraron ante Melia rostro en tierra y le rogaron diciendo:
-Por favor señorita, no nos obligue a irnos. Si estas sirvientas no le sirven como es debido, lo más probable
es que el príncipe Kailer no se agrade. Y entonces el encargado de administrar a los sirvientes nos bajará de estatus.
Melia abrió sus ojos sorprendida. de que estaban hablando se preguntaba. bajarlas de estatus? Ella ni siquiera sabía, que había estratos sociales para los empleados de los reinos.
Melia, no comprendía todas estas palabras de las jóvenes, porque en tierra de Ransón no existia estas divisiones sociales del trabajo. Allá todos los empleos de los que habitaban esas tierras eran dignos.
- El príncipe Kailer les ordenó que me sirvieran? les pregunto Melia.
Ellas contestaron:
- No él exactamente señorita, pero el jefe de los sirvientes si lo ordenó y él no ordena algo que no haya sido antes ordenado por el príncipe.
Melia no sabía que creer. Realmente ese hombre tan engreído había ordenado que esas muchachas le sirvieran a ella. Si era cierto eso, que era lo que quería él lograr con eso.
Acaso era amabilidad, teniendo en cuenta sus costumbres. O lo haría para demostrarle,que él estaba sobre todo tipo de mujeres. O tal vez, las envió para convertirlas en espías. Eran muchas las razones que pasaron por la cabeza de Melia.
Pero lo que Melia no sabía, era que la intención de atenderla, conforme a las costumbres de Kandor fueron una simple iniciativa del jefe de los sirvientes.
- Bien haremos algo. Levántense por favor - les dijo…
Las sirvientas se levantaron y miraron a Melia.
- Eso está bien... Mírenme y mírense. Si se dan cuenta, no tengo algo, que ustedes no tengan. Ustedes y yo somos iguales... No soy una señorita de sociedad de su reino; por lo tanto, no necesitan servirme. Todo lo que ustedes pudieran hacer por mí, yo lo puedo hacer solita.
Lo siento por ustedes... Pero no se preocupen, yo voy a ayudarlas a aclarar todo... Al decir esto Melia salió de la tienda y detrás de ella, salieron las sirvientas.
Melia miró hacia la parte en donde estaba la fogata hecha para los príncipes, buscando encontrar con su mirada a Kailer.
Al ubicarlo al lado del príncipe Kramin y de su primo Rafel, se dirigió al lugar exacto en el que estaba él sentado y colocándosele al frente de él, mientras miraban todos los presentes le dijo:
-Príncipe Kailer, no comprendo realmente cuáles son sus intenciones al mandar a jóvenes muchachas para que me
sirvan... Si lo que busca es insultarme queriendo imponer sus normas y costumbres, de lo que se supone que deberían de tener toda joven dama en su reino. Pensé que ya le había quedado claro, lo patética y estúpidas que me parecen esas normas y tradiciones de su reino... Pero si por el contrario, tiene alguna otra intención; no se le olvide príncipe que soy “una salvaje” y no estoy interesada en dejar de serlo.
En el momento en el que Melia terminó de hablar, de una manera muy rápida, sin que ella se apercibiera, Kailer, se levantó y la agarró por el brazo y la trajo con una fuerza descomunal hacia él, la cual ella no pudo resistir. Y cuando estaba a la distancia de un centímetro, de tal manera que hasta sentía su aliento replicó con un tono amenazante:
- No estoy interesado en conocer tu perspectiva de mi vida y la de mi reino... No me interesa enseñarte las normas y costumbres en las que habitó... No tengo el más mínimo interés, en que dejes de ser salvaje... Estas aquí, solo por la salud de Blen. Pero no te aproveches de eso. La soltó y dijo mirándola fríamente a los ojos:
-Rafell acompaña a tu prima a su tienda.
El príncipe se volvió a sentar. Todos en el lugar se quedaron expectantes. Los saldados, los sirvientes y hasta los
comandantes del ejército no daban crédito a lo que pasaba. Como una mujer tan insignificante le había hablado de tal manera tan irrespetuosa al príncipe heredero y futuro rey de su reino.
Como se atrevía a presentarse ante él, sin ser llamada. Más de uno, solo esperaba la orden de Kailer para enseñarle a esta mujer cuál era su lugar.
Melia en el momento que Kailer la soltó, sintió mucha rabia. Como se atrevía a tratarla de tal manera –se preguntó. Sin esperar la respuesta de Rafell a la orden del príncipe, Melia se dio vuelta y volvió a su tienda.
Después de llegar a su tienda, Melia se alistó para ir a la cama. Pero de alguna forma no lograba borrar esa
mirada fría de Kailer que la sometía. Su molestia principal era, porque tan excelente que era su técnica de pelea y él solo con un intentó de desarmarla la sometió.
En ese momento se dio cuenta que le dolía el abrazo. El maltrato que le prefirieron las manos de Kailer resaltaba en su piel, como fiel testigo de su vulnerabilidad ante él.
Melia estaba tan cansada por el viaje que se quedó dormida. Sin embargo, en las horas medias de la noche la vos de su primo afuera de la tienda llamándola la despertó:
- Melia! Melia! Despierta. El guarda del príncipe está muy mal...!
- Que pasa Rafell? – pregunto al salir, con una túnica que tapaba un camisón y su hermoso cabello castaño suelto.
Al verla Rafell se sorprendío, se veía hermosa, con ese largo cabello castaño en el que se reflejaba la luz de la luna.
- Vamos Melia. Blen no está bien. El médico del príncipe, me dijo que te buscara.
Gu-Derte era el medico que acompañaba al príncipe en todas las travesías que este hacía. Desde que Blen fue envenenado la orden que recibió del príncipe, fue no apartarse de Blen, ni por un segundo.
Al llegar a la tienda en la que estaba Blen, Melia entro a está sin ni siquiera preguntar o dar algún saludo. Lo único que la gemela tenía en su mente era mantener a Blen con vida hasta que todo se resolviera y de esa manera la misión podría ser concluida.
Al entrar se dirigió inmediatamente a donde estaba Blen y tocó su frente. revisó el pulsó del cuello y después el pulso de la muñeca del guarda.
De un momento a otro le hizo seña a Raffel que le diera el cuchillo de este, e hizo igual que las ves anterior en Ciudad Alada, un corte en su muñeca, y después, le dio a beber su sangre a Blen.
Al entrar Melia en la tienda todos se impactaron con ella. Su entrada fue muy repentina y sin si quiera
saludar o preguntar si podía entrar, lo cual era una costumbre de buenos modales, para los presentes. Pero para Kailer y para todos los presentes, no era este solo el motivo del impacto. Tampoco lo fue el corte que Melia se hizo en la muñeca, para dar de su sangre a Blen. Lo cual por lo menos para Kailer, pasó desapercibido.
El motivo que en cambio, lo hacía no poder dejar de centrar sus ojos en Melia y de alguna manera, le hacía sentir una fuerte atracción hacia ella, era la salvaje belleza que mostraba, lo que Kailer consideró un hermoso cabello castaño suelto. Era la primera ves que observar un cabello suelto en una mujer seducía a Kailer. Él había estado con miles de mujeres en Kandor, en donde las damas por costumbre siempre mostraban sus hermosas cabelleras bien cuidadas y debidamente adornadas. Sin embargo la belleza del cabello de Melia, en ese momento para Kailer, no tenía ni punto de comparación.
Cuando Melia alzó un poco su blusa haciendo un remangue para poder hacer la cortada en la muñeca. Todos los
presentes, no pudieron dejar de notar el maltrato bien pronunciado que tenía en la parte inferior del brazo, en donde Kailer unas horas antes le había agarrado con ímpetu.
En ese momento, por un segundo Kailer se odio, por lo que le había hecho en el brazo y deseo poder regresar el tiempo para evitar hacerle tal daño.
Al acabar Melia de dar de su sangre a Blen. Se colocó la mano en la muñeca tapando su herida y se dirigió
con su vista a Gu-Derte, haciéndole entender con su gesto que el guardia estaría bien.
Después de lo cual se dirigió a la puerta de la tienda sin mirar a nadie y cuando se disponía a salir, Kailer, que estaba en la parte derecha en la entrada, extendió su brazo a ella, interrumpiéndole el paso con un pañuelo blanco en la mano.
Melia sin ni siquiera mirarlo, simplemente lo esquivó y sin decir una palabra salió de la habitación. Kailer recogió su mano y la empuñó con una evidente molestia por lo ocurrido, que fue notoria a todos los presentes.
Como se atrevía a rechazarlo. Miles de mujeres morirían de la emoción si él les diera un pañuelo. Estaba enojado. Sentía una furia por dentro. Estuvo tentado simplemente a tomarla y hacerla suya, para enseñarle a respetarlo. ¿Quien en ese lugar se lo podía impedir? - Pensó. Nadie se atrevería a negar alguna orden que el diera. Todos en ese maldito campamento querían complacerlo. Ella no era nada delante de él, sino una simple salvaje.
Al día siguiente, después que Melia se despertó y todos se estaban alistando para irse. El sirviente personal del príncipe llego a donde estaba ella alistando a su caballo. Y de repente sacó de su ropa un frasquito de lo que parecía ser una medicina y sin mediar alguna palabra se la dio a Melia. Al ver la medicina en la mano extendida del sirviente del príncipe. Melia no la recibió. Siguió peinando a su caballo y dijo:
-Dile a tu engreído príncipe, que en lo que duré esta misión no se cruce en mi camino y no se acerque a mí... Que cumpliré con la misión tal como está acordada, pero que su presencia no me es grata y que prefiero evitarla... Que se haga un favor y me lo haga a mí, no volviéndose a dirigir a esta salvaje...
Las palabras de Melia le fueron expresadas al príncipe tal y como ella las había dicho. Kailer se sintió perturbado. y con una gran frustración. Se preguntaba, como ella se atrevía a negarle algo. Como se atrevía a decidir no hablarle, a decirle que hacer: o a prohibirle tener contacto con ella. Se decía a si mismo que ninguna mujer podía hacer eso. Ninguna mujer era dueña de su voluntad.
Él había pasado toda la noche pensando en ella. Las ganas de tenerla entre sus brazos le quitaban su voluntad. Era un pensamiento persistente que no dejaba de atormentarlo. Sus pensamientos fueron interrumpidos por Kramin, quien mientras se ponía al frente de él le dijo:
- Kailer ya todo está listo. Debemos partir
... Lo más probable es que hoy al anochecer estemos en la ciudad de
Sebor, de nuestro reino.
Kailer asintió con su cabeza, después de lo cual hecho su cabeza hacia atrás como contorcionando a su cuello.
Kramin al mirarlo supo que algo le pasaba y sonrió malévolamente mientras le decía.
- Kailer todavía no la superas...!
Kailer lo miró y se dio cuenta por sus ojos burlones de lo que Kramin estaba hablando.
- No es importante para mi, el tema al que sé que te refieres hermano... Hay cosas más importantes en que
pensar. Le dijo al tiempo que observaba un mapa.
Kramin volvió y sonrió y le dijo:
- Asi que no estás dispuesto a reconocer que esa mujer te gusta.
Kailer lo miró y le dijo. Pensando por un segundo en Melia.
-Que esa salvaje me guste o no kramin, ciertamente no es una opción para mi.
Cerró el pergamino y se fue. Kramín era consiente, que lo que decía Kailer era cierto. No existía la más mínima posibilidad, ni para él ni para su hermano, de que pudieran tener a la mujer que les gustara.
Después de lo acontecido con su tío Kroner, la casa de Kandor había decidido ser más estrictos en la aceptación de las mujeres que serían sus concubinas y esposas reales.
A Kramin Mina le había llamado mucho la atención. Él se sintió desilusionado cuando se percató de que Mina no vendría con su hermana a la misión. Por algún motivo sentía unas grandes ganas de volverla a ver. Lo mejor que le podía pasar en aquel momento era terminar rápido la misión y poder regresar a Casa Alada, para ver a Mina.
La travesía por el camino en Ranson, que conducía al reino de Kandor duro hasta el mediodía. Después de eso entraron en los territorios del reino de Kandor en el camino que conducía a la ciudad de Sebor.
Melia montaba a su caballo mientras pensaba en todo lo referente a la misión. No tenía ni idea de lo que el príncipe Kailer y su hermano, pensaban hacer para llegar a la montaña Badasu sin encontrarse con el ejército fronterizo del reino de Bedolia. Melia sabía que solo había una alternativa y si el príncipe decidía escogerla, entonces ella estaría preparada.
Kailer y Kramín también pensaban en la misión, mientras el carruaje seguía su camino. En la estrategia que decidieron implementar, para evitar encontrarse con el ejército fronterizo de Bedolia.
Hubiesen podido pararse en la frontera y pedir diplomáticamente que los de Bedolia les dejaran pasar a buscar la hierba. O simplemente mandar un emisario al rey.
Pero con las relaciones diplomáticas tan deterioradas producto de anteriores peleas por territorio fronterizo, ellos pensaron que no sería una buena opción. Como si era en ese momento acortar camino desviándose por el temido bosque perdido.
Este era el pensamiento de Kailer cuando en un instante una flecha atravesó por la ventana del carruaje y dirigida a él, la atrapó. Inmediatamente, para todos fue evidente que estaban rodeados. Y al frente del camino, se veían hombres a caballo, que poco a poco se acercaban al encuentro de ellos.
Cuando los hombres llegaron, Kramín salió de carruaje y atacó a uno de los que presidía a los hombres a caballo. Este también se bajó del caballo y por unos minutos tuvieron un enfrentamiento, el cual terminó, cuando ambos pusieron sus espadas en el cuello de su oponente.
En ese momento escuche al que era el aparente líder o jefe de la multitud que nos rodeaba y de los que estaban a caballo decir, mientras embargaba su espada:
- Valla! primo! Aún no te puedo vencer!
Kramín respondió mientras también guardaba su espada:
- Sigue practicando Krey, quizás un día de estos, lo logres.
Krey era el segundo hijo de Kramon, el segundo hermano del rey. Él, al igual que su hermano mayor Kall, se habían criado desde niños junto a Kailer y a Kramin. Krey era dos años mayor que Kailer. Krey era temido y reconocido en el reino de Kandor, e incluso en otros reinos. Solía ser muy cruel cuando sometía prisioneros y si se trataban de mujeres, este las violaba.
Todas las sirvientas del reino le temían. Era amante del placer de las mujeres, pero tenía un peculiar gusto por el sexo violento. Nada le excitaba más de una mujer, en su mente retorcida; que el hecho de que ella se resistiera. Sin embargo, esta afección mental, no desmeritaba, sus logros como general de uno de los más poderosos ejércitos que Kandor tenía.
Kailer no salió del carruaje, él sabía que se trataba de su primo, ya que pudo reconocer el sello de él en la
flecha que atrapó. A Kailer le irritaba Krey. Aunque las mujeres representaban para los hombres en Kandor y en especial para los hombres de la realeza, un peligro para la estabilidad del reino, sino se educaban de manera adecuada. La forma de tratarlas Krey, para él era aberrante.
En una ocasión cuando Kailer visitó a Krey, para hablarle de una estrategia militar que quería implementar. Tuvo que soportar mientras le hablaba, verlo violar dos jóvenes sirvientas.
Para Melia Krey físicamente era un desconocido. Aunque había escuchado de su fama en los cinco reinos, hasta
ese momento no lo había visto. Los que hablaban de su excelencia física en nada mentían. El hombre que tenía prácticamente frente a ella le parecía muy atractivo. Lo cual no sería raro –pensó Melia- ya que en realidad, su tío
Kroner, sus primos, Rafell y Kalin. Kramín y por supuesto Kailer eran todos de hermoso parecer.
-Valla! Valla! Pero quien es esta hermosa criatura salvaje que veo aquí...– expresa Krey mientras se acerca a
Melia.
Ella al observarlo acercarse, saca su espada y de una manera muy rápida que él no se pudo esperar, se desplaza y
coloca en el cuello de él, mientras le decía:
- Se quién eres... Así que te lo voy a advertir... No te atrevas a acercarte a ningunas de las mujeres que estén en
esta caravana... Ni a mi... Porque si lo haces entonces te prometo, que vivirás el resto de tu vida lamentando, no poder ser hombre.
Krey sonrió de una manera seductora, mientras que le ponía sus dedos a la espada de Melia tratando de apartarla
suavemente y exclamo:
- Interesante! Y quien hará eso, tú y quienes más. No pensaras que una criaturita salvaje como tú, en realidad
pueda resistir mis encantos. Verdad? – Le preguntó.
Krey sabía perfectamente, en cuanto miró a Melia, que era una mujer de tierra salvaje. Nada más tuvo que
observar, la manera en que montaba, tan segura, y desafiante, y la espada que llevaba en su mano, para saberlo.
El sabía que las mujeres de tierra de Ranson eran excelentes espadachines y en artes marciales, pero pensó que sería muy interesante, hacerla suya después de haberla vencido.
Al escuchar que Krey se dirigía a Melia, Kailer sabía que debía intervenir. No podía permitir que su primo le hiciera
daño. El solo pensamiento de que la tocara representaba una agonía para Kailer.
¿Qué me pasa? –se preguntaba - Como podía pensar así en ella. Como era posible sentir la necesidad de protegerla. Sin pensarlo dos veces Kailer salió del carruaje y dirigiéndose a su primo, que ya estaba empuñando la espada para combatir con Melia, le dijo:
-Krey, regresa a tu caballo… debemos llegar antes del anochecer a Sebor…
Krey al escuchar la voz de Kailer, soltó la espada y voltio a mirarlo e hizo una reverencia diciendo:
-Su alteza príncipe heredero, Dios le dé larga vida. Obedeceré a su orden…
Después de decir eso; Krey inmediatamente de manera veloz se montó a su caballo, pero antes de echarlo a correr, dio vuelta y miró nuevamente a Melia. Quien ya había guardado su espada y casi al instante sin poder evitarlo miró también a Kailer, a quien reverenció bajando la cabeza, antes de irse.
Melia aunque sentía la urgida necesidad de voltear a ver a Kailer, no lo hizo. No le debía nada. Antes si él no hubiese intervenido, ella le hubiese enseñado a ese monstruo pervertido, a respetar a las mujeres.
Kailer por su lado sabia, que aunque no podía esperar escuchar de Melia algún agradecimiento, de alguna manera por un minuto se quedó esperando, que si quiera volteara a verlo.. Al no obtener lo que esperaba, él entró en el carruaje y cerro sus ojos. Y casi al instante después también entró Kramin, quien lo observaba de manera expectante.
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Comments
Irma Rocha Cruz
jajaja....lo dejó con la mano estirada... jajaja...me gusta... jajaja.... jajaja.....
2023-11-18
1
Irma Rocha Cruz
uhhh....este par ya se enamoró.....
2023-11-18
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Edith Meraz
MUCHAS FELICIDADES ESCRITORA POR TU NOVELA ESTA EMOCIONANTE.
2023-11-03
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