Masato'S Paradox: El Heredero De Asmodia

Masato'S Paradox: El Heredero De Asmodia

Autor(a):Seragaki1990

Capítulo 1 :El amante color cereza (桜色の恋人 Sakurairo no koibito) (1)

Era una hermosa mañana en la ciudad de Tokio , el frío empezaba a ser reemplazado lentamente por la primavera , donde los sakura comenzaban a tapizar el paisaje con su danzante lluvia rosa . Sin embargo, dentro del prestigioso Yasuda Auditorium de la Universidad de Tokio, el ambiente se sentía solemne. Hoy no solo se graduaba una promoción de élite; hoy se graduaba el heredero de la empresa más importante en la industria del placer adulto: Asmodia.

Entre aquellos ciento diez, Masato Saionji no solo destacaba; su presencia exigía atención de una forma casi violenta. Con una piel de porcelana que delataba siglos de linaje kuge y unos ojos café anaranjado que parecían diseccionar la realidad misma, su figura vestida de luto ejecutivo silenciaba el ambiente. Masato gritaba 'mírenme' con cada fibra de su ser, aunque su único deseo fuera fundirse con las sombras del auditorio.

Masato Saionji es el primogénito de Iori Saionji , un hombre hecho a sí mismo que actualmente dirige la empresa más importante de la industria del placer en Japón , cuando la ceremonia comenzaba y entraban los profesores y el decano , aplaudía con una mezcla de sentimientos encontrados : pues estaba por culminar seis años de universidad y estaba por convertirse en un empleado en la empresa familiar. Sintiendo un leve escalofrío al ver a su padre entrar en el escenario junto con algunos empresarios sentarse en el escenario .

Se entonaba el himno de la universidad y Masato veía a los alrededores discretamente : entre los invitados estaban los miembros muy peculiares de su familia: Su padre en el estrado con otros invitados VIP, y en las demás filas, estaban sus hermanos menores: Makoto , Yuuichi y Yuuji , la “hermana mayor” abogada de la empresa , Mariko Ikaruga , el asistente de su padre (aunque Masato sospechaba que tenía una relación con este) , Kazuma Inoue y Akito Igarashi , este último es el que hacía que su corazón se inquietara .

Finalmente el momento culminante de la ceremonia: con pasos solemnes y firmes resonando en el suelo de madera , el rector de Todai se acercaba al estrado .

El Rector Samejima Takashi se aclaró la garganta, y el sonido fue amplificado por los micrófonos, rebotando en las altas bóvedas como un trueno contenido. En la primera fila, Masato sintió que el aire se volvía denso, casi sólido. Sus dedos, ocultos por la seda negra del traje, se enterraron en sus palmas. No miraba al Rector; su mirada estaba fija en un punto inexistente, tratando de ignorar la presión de los ojos de su padre clavados en su nuca.

—Saionji Masato —la voz de Samejima cortó el aire como un bisturí—. Facultad de Medicina. Concedido con la distinción Summa Cum Laude por un historial académico sin precedentes.

El murmullo inexistente del auditorio se volvió un vacío de presión absoluta. Masato sintió el peso de esas palabras latinas como si fueran losas de mármol cerrando su propia cripta. 'Summa Cum Laude'. Un honor que para cualquier otro sería la cumbre de una vida, para él era el sello final de su jaula.

Ya no había vuelta atrás; ya no podría ser solo un médico, ni solo un hombre. Iori, desde su asiento de poder, ni siquiera sonrió; simplemente asintió, como quien confirma que una máquina ha funcionado según lo previsto.

Los ojos anaranjados de Masato se empañaron por una fracción de segundo. El brillo de las luces del escenario se distorsionó, transformándose en los faros de un coche negro bajo una tormenta de verano…

Masato recibía su diploma, que en sus manos se sentía como si cargara plomo, se inclinó en un perfecto (tan perfecto que inquietaba) ángulo de 45° ante Samejima y a la audiencia, Masato caminó hacia el atril. Sus pasos no produjeron sonido sobre la alfombra roja. Se posicionó frente al micrófono, y por un instante, el zumbido de la estática fue lo único que llenó el Yasuda Auditorium.

Desplegó el pergamino. Sus dedos, largos y pálidos, contrastaban con la tinta negra de los kanjis , y por un breve milisegundo tuvo un rictus de terror que no fue evidente para todos, con la excepción de Akito. Masato miraba fijamente al público y con voz solemne hablaba:

— Distinguido Rector, decanos, miembros del cuerpo docente y compañeros.

​Nos graduamos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tokio en un umbral decisivo. La era Reiwa nos ha enseñado que la biología no es un destino inmutable, sino una variable que debe ser optimizada.

Durante seis años, hemos diseccionado la fragilidad humana para entender sus fallas; ahora, nuestra responsabilidad como shakaijin es trascender los límites de la clínica tradicional.

El futuro de nuestra nación depende de una medicina que se fusione con la interfaz digital, donde el bienestar no sea solo la ausencia de enfermedad, sino la perfección de la experiencia humana. Asumo este compromiso no solo como graduado, sino como un eslabón en la arquitectura del mañana. Que nuestra labor convierta la vulnerabilidad en resiliencia sistemática. Muchas gracias.

Masato ejecutó una reverencia de cuarenta y cinco grados, exacta, geométrica. El silencio que siguió a su voz barítona fue casi ensordecedor. Por un segundo, el rictus de pánico que había sufrido antes de empezar se disolvió en una máscara de frialdad absoluta. Al bajar los escalones del estrado, sintió que sus piernas pesaban, pero mantuvo el paso firme. Al pasar frente a la primera fila, sus ojos se cruzaron con los de Iori: una mirada de acero que no felicitaba, sino que confirmaba que el activo había cumplido su función.

Una vez que el "Príncipe de Asmodia" recuperó su lugar, el ambiente en el Yasuda Auditorium recuperó un ritmo más humano, aunque igualmente rígido. El Rector Samejima volvió al micrófono para continuar con la entrega individual o por grupos de los otros 109 graduados de Medicina, seguidos por el resto de las facultades.

​Para Masato, el resto de los nombres eran solo un murmullo lejano. Tanaka, Sato, Suzuki... apellidos comunes que flotaban en el aire mientras él intentaba regular su respiración. La tensión no se había ido; solo se había transformado en una vibración sorda bajo su piel.

El eco de la voz de Samejima se escuchaba cada vez más lejos mientras su mente recordaba al dueño de esos hermosos ojos azul zafiro que lo contemplaba desde los asientos de la última fila , y a la persona que más extrañaba…