Oliver y Yuuki, dos personas totalmente diferentes, se ven obligados a casarse. Yuuki es talentoso, pero presumido debido a su buen estatus, mientras que Oliver odia a las personas ricas, sin imaginar que sería vendido por sus propios padres para casarse con el arrogante Yuuki.
Su relación no empieza nada bien, pues Oliver culpa a Yuuki por tener que verse atado a él en un matrimonio que no pidió y Yuuki aún añora a su primer amor. Pero lo que empezó como un mal matrimonio, empieza a ser una relación donde la pasión es la principal protagonista, aunque Yuuki se ve sometido a los arranques de ira y celos de Oliver, en especial con el regreso del ex amor de Yuuki.
¿Podrán esos encuentros pasionales convertirse en algo más?
¿Será Oliver capaz de borrar los sentimientos que Yuuki aún tiene por su ex?
Advertencias
En esta historia se tocan temas delicados, los personajes pasarán por muchas situaciones, así que si eres menor de edad, por favor abstente de leer.
NovelToon tiene autorización de May de eunhyuk para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lavando trastes (?)
—Se ve...
Delicioso.
—¿Qué pasa? ¿No te gustan?... bueno, me los comeré yo entonces.
Él tomó el plato alejándolo de mí, pero luego puse ojos de cachorro nuevamente, lo vi rodar los ojos y me lo regresó.
—Está bien, te lo dejaré, es lo primero y último que te voy a hacer de comer —expresó con fastidio, apenas escuché lo que dijo. Ni siquiera note la maldad que trataba de hacer.
—Oh por dios... Por dios... —Yo estaba muriendo de hambre. Me senté junto a él para desayunar. Cuando di el primer bocado, todo el dulce del panqueque, el ácido de las fresas se mezclaron haciendo una explosión de sabores en mi boca. Mi mente procesaba a mil por hora, pues mi paladar recordaba momentos al mismo tiempo que no pude evitar gemir. Parecía que tenía un orgasmo, de esos algo indecentes. Oliver me miró así y no me dio nada de pena.
—Estamos desayunando, no en la cama.
—No lo he probado en 5 años...
Continué comiendo a pesar del impacto que generó lo que dije. Todo esto era gracias a mi familia y sus tontas reglas. No quería contarle eso, pero supongo que hará preguntas relacionadas con el asunto. No siempre se escuchaba a alguien decir que no había probado un manjar como ese, uno que se vendía en cualquier lugar y era de fácil acceso por ser barato y abundante.
—¿Por qué? ¿No querías engordar? ¿O esto es demasiado de "pobres" para ti?
Guarde silencio, pero no por lo que él dijo. Si no porque estaba buenísimo. Tras escuchar su pregunta, negué ante todo. Porque estaba seguro de que reaccionaría mal ante cualquier respuesta, aun así, le diré la verdad.
—Fui educado de una manera especial, no lo entenderías.
Probé la fresa la cual le daba un buen sabor, la miel le daba un toque más suave. Continué luego de tragar.
—Mi padre me lo prohibió, después desarrollé una especie de negación y desde entonces no la probé, hasta ahora.
De cierta forma me gustaba estar casado con alguien que no sea de mi familia, ya que no podían prohibirme nada, así sea un desgraciado como Oliver.
Oliver
Cuando le pregunté sobre por qué tardó tanto tiempo en comer un panqueque como estos… Por su bien espero que sea la primera, empezaba a estar harto de sus tontos comentarios de crítica hacia la gente que no tenía su posición económica. Estaba considerando irlo a aventar a uno de los barrios bajos para que viera como lo pasa esa gente por culpa de personas como su padre que lo saben cuando parar con el dinero. Sin embargo, lo miré de mala manera por su "no lo entenderías" y me interesó que más iba a decir, al menos lo siguiente que dijo no fue tan despectivo... creo, podría ser una de las razones por las que odiaba a todos.
—Creo que es al revés, hay muchas cosas más que tú no entiendes, pero como sea, que bueno que al menos te llegó al gusto mono de circo de oro.
Le dije con sarcasmo y molesto, si seguía así dudo poder tratarlo la mitad de bien de lo que un humano promedio merece.
Continuamos desayunando en silencio, hasta que terminamos y lo vi dudar un poco.
—Gracias, estuvo delicioso.
Lo miré ir a dejar sus platos y me reí, diablos, tampoco sabía lavar trastes, ¿no? Era obvio que tendríamos que contratar a alguien, pero más que nada por la cuestión del tiempo, quizá venía siendo hora de que él también aprendiera a hacer las cosas por sí mismo. Terminé mi último bocado dejando los trastes en el fregadero y fui hacia su habitación, lo tomé de la mano para llevarlo frente al fregadero y lo puse entre mi cuerpo y el mueble. Su cara de sorpresa me dio mucha risa.
—¿No te gustaría aprender cosas nuevas?
—Yo... No sé si pueda.
Susurre en su oído chupando su lóbulo y riendo un poco, tomé sus manos para guiarlo y empezamos a lavar los platos, sé que para él solo soy un loco, un malvado, el chico más bipolar sobre la tierra y sí, es posible que sea todo eso y peor, pero no sabía por qué quería mantenerme cerca de él, tocarlo, besarlo y sentir como forcejeaba intentando soltarse de mis brazos cuando terminaba siendo un dócil corderito. Desde mi altura, podía admirar la pálida piel de su cuello, sumamente apetecible. Parece que pedía a gritos que le dejara algunas marcas, más de las que ya le dejé momentos antes. Sus cientos de lunares hacían que su piel fuera más atractiva a la vista.
—Ya... Ya vi como. ¿Puedes dejarme hacerlo solo?
—¿Solo? No, seguramente terminarás haciendo un desastre. —Sonreí acercándome a su oído—. Déjame ayudarte.
Lo veía nervioso y aunque no era lo que esperaba, seguía siendo divertido, seguí "ayudándolo" pero, podía escuchar su respiración acelerada, empecé a mover mi cadera simulando embestirlo y su reacción me confirmó que se estaba poniendo caliente.
—¿Te excita lavar los platos? —pregunté coqueto—. Entonces no te detengas.
—No... De verdad puedo hacerlo —respondió el muy mentiroso.
Sonreí besando y lamiendo su cuello poniendo mis manos en su pecho para acariciarlo con las manos frías, mojadas y ligeramente enjabonadas y seguí frotando mi excitación que empezaba a endurecerse en su trasero.
—No puedes parar hasta que termines de lavar todos, ¿entendido? —dije bajando mis manos hasta su “dulce premio” hasta apretarla. Sabía que iba a caer con facilidad y ni siquiera nos habíamos casado, creo que a nuestros padres no les va a interesar lo que hagamos mientras sus negocios vayan como planean, ¿verdad?
—Por favor... Basta... estás haciendo que... —Él gemía y negaba.
—¿Quieres que me detenga?
Le pregunté burlonamente besando y chupando la piel de su cuello en cuanto lo dejó expuesto, pero me di cuenta de que se había detenido, sus manos sostenían el plato nada más y no lo estaba lavando, metí mis manos en su ropa interior y apreté su excitación empezando a tocar.
—Te dije que no te detuvieras.
Lo empujé levemente con mis hombros invitándolo a seguir sin dejar de acariciar su entrepierna.